Vecinos frente al Covid

Aún bajo el contexto de la pandemia, Paloma Fernández Gomá reflexiona sobre las relaciones de vecindad entre las personas y entre los pueblos

La buena vecindad supone estar al lado del vecino, aunque antes haya habido sus más y sus menos. Tender la mano, hablar, dialogar, escuchar al otro es una condición necesaria para llegar a acuerdos entre vecinos, aunque el viento sople en contra. 

La amistad es una baza que pesa mucho y alimenta el diálogo. Vivimos tiempos difíciles en todos los países, pues no podemos negar que la pandemia, que fue un hecho que nos cogió por sorpresa, que segó vidas y trajo mucha angustia, ha llegado para quedarse y abrir nuevos caminos; ya nada puede ser igual.

Mantener que llegaremos a la normalidad es un deseo de difícil ejecución. Las cosas no pueden ser entendidas como antes del Covid 19. Nuestra sociedad se ha visto sacudida: los viajes, las medidas sanitarias, los controles, los agrupamientos de personas, las distancias sociales, el pasaporte de vacunación y el desasosiego que ha sembrado esta pandemia han conformado una realidad distinta.

Desde esta reflexión, debemos de comprender que la convivencia se tensa y a partir de aquí se suman otros factores, que si no son  ajenos, sí colaterales a la «puerta de enfrente». La política puede tensar «los rellanos» y la diplomacia debe sacar «una derrama extra» para que la convivencia se relaje. Pero está visto que la tormenta perfecta se estaba preparando y cogió a la comunidad con el «ascensor estropeado». Y todo fueron gritos y malas caras, idas y venidas, olvidando las llaves dentro de la casa. Y hubo que llamar al cerrajero que como era de urgencia, cobró tarifa extra. Además subió la voz, dijo que era imprescindible el cobro por adelantado y que si no se iba a otra comunidad de vecinos que le iban a pagar más.

Vivamos con el deseo de que la convivencia recupere espacios tensionados. Entre todos hemos de ser capaces de tender puentes, donde el «Covid 19» no encuentre acomodo. La reflexión, la palabra y el respeto son elementos necesarios e insustituibles para que la sociedad recupere su ritmo y avance en el entendimiento hacia «el otro».

Encerrarse en sí mismo, gritar desde la ventana y enfadarse no conduce a nada. La vida sigue adelante y hay que subirse al tren. Después podemos arrepentirnos de no haber estado a la altura.

Sabemos que el Estrecho de Gibraltar es un puente entre pueblos y por este puente andan manos tendidas y manos cerradas, pasos de acercamiento y otros que se alejan, también está el diálogo y la confusión; en nosotros está elegir.

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