Un viejo poema a la Plaza Alta

La escritora Paloma Fernández Gomá evoca en este artículo literario la memoria de este enclave urbano

La Plaza Alta de Algeciras es referencia de la ciudad. Godoy, general  Castaños, azulejos sevillanos, Capilla de Europa y su Cristo de flores y exvotos, rezos y plegarias, años a la intemperie en el costado de la Capilla, presenciaron su silencio colmado de voces. Poniente y levante se turnaron para acompañar el itinerario de velas consumidas por el tiempo.

Al otro lado, la iglesia de La  Palma, patrona de la ciudad de Algeciras. Dos calles principales y populares de la ciudad desembocan en La Plaza Alta, la calle Convento (Alfonso XI) y la calle  Ancha o  Regino Martínez, eminente violinista algecireño. En la misma calle nació otro, muy conocido algecireño del mundo de las letras, es José Luis Cano. Pero las relaciones históricas de esta bella plaza las aparcaremos, para seguir trazando esa visión real y cotidiana que presenta la Plaza Alta a diario, junto al trasiego de las palomas y el paso más o menos apresurado de quienes,  van y vienen entre sus pensamientos y las bolsas con sus compras.

La Plaza Alta huele a incienso en Semana Santa y a rebujito en Feria. Es el pulmón de la ciudad. Lugar de reunión y espacio para los libros y la palabra. En primavera llega el azahar de sus naranjos y en invierno, cuando hay invierno, pues a veces el otoño se extiende hasta el mes de marzo, y queda en el olvido; entonces, el sol y la sombra, como si habláramos de los tendidos de la Plaza de Las Palomas, compaginan sus pasos en un taconeo imperceptible ( bolero antiguo de mantilla y castañuelas) al asomarse desde el Casino los versos de Lola Peche.

Algeciras, antes y después, ahora y siempre. Recordando a José Luis Cano escribí estos versos en el año 1993. Hoy los recupero para recordar mi ayer y seguir viviendo el presente. Este presente insólito y desconcertante que recorremos día a día entre sobresaltos y preocupación, pero la Plaza Alta permanece ahí como siempre acompañado con su presencia a los algecireños. 

Bahía soñadora de reflejos

A José Luis Cano

por calles donde la maroma y la brea

envolvieron el agua en otoños de nostalgia;

para ser gaviota de extensas alas

anidando tierra adentro.

Dorada arena aquella, la del Rinconcillo,

solitaria de sonetos,

que escribiera José Luis Cano en sus plácidas tardes de conchas

y adolescencia.

Azulejería de ocres y añiles

sobrevuelan palomas marineras,

que al aliento verde de los naranjos

escuchan de los barcos las sirenas,

cuando arriban a puerto.

Paloma Fernández Gomá, profesora y escritora

Fotografía principal: La autora, en la Plaza Alta, en 1975

                   

                                                

 

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