Un magnate gobernará Marruecos

Vuelco electoral en el mapa político del país vecino, cuyo ejecutivo será presumiblemente presidido por el empresario Aziz Ajanuch, tras la sonada derrota de los islamistas

De 125 escaños, en las anteriores elecciones, a 12. Ni siquiera el primer ministro, Saad-Eddine El Othmani, ha logrado revalidar como parlamentario. A falta del cierre definitivo del recuento, las elecciones legislativas celebradas ayer miércoles en Marruecos han supuesto una catástrofe para el Partido de la Justicia y el Desarrollo (Parti de la Justice et du Développement, PJD), los islamistas moderados que Hassan II se sacó de la manga para contener a los radicales de Justicia y Espiritualidad, de la familia Yassin. ¿Qué ha ocurrido? Presumiblemente, la gestión de la pandemia –las elecciones se han producido bajo un notable repunte del COVID-19–, el desplome económico y el nuevo sistema electoral que penaliza en cierta forma a los partidos mayoritarios, podrían explicar el desastre.

El clima en que se ha desarrollado el proceso electoral es ciertamente enrarecido: las tensiones crecientes con Argelia, con la memoria puesta en la guerra de los años 80, el pulso con la Unión Europea por el Sáhara y el mantenimiento del cierre fronterizo con Ceuta y Melilla son algunos de sus síntomas. Las detenciones masivas de manifestantes, activistas, intelectuales y periodistas, multiplicadas durante los últimos dos años, tampoco han contribuido al sosiego público.

Relegada a la octava posición en el reparto del hemiciclo del reino alahuita, la formación que lidera Saad-Eddine El Othmani y que ni siquiera ha podido ha venido gobernando Marruecos durante los últimos diez años, se verá sustituida presumiblemente por la Reagrupación Nacional de Independientes (Rassemblement National des Indépendants, RNI), que obtuvo 97 escaños y que lidera un conocido magnate, Aziz Ajanuch, un hombre de negocios muy próximo a Palacio. El PJD representó, en gran medida, una respuesta moderada a la Primavera Árabe de 2011, que en Marruecos, por otra parte, no alcanzó movilizaciones tan masivas como en Túnez y otros países de la región. El partido vencedor, RNI, representa indudablemente a la tecnocracia, con tintes de una cierta modernidad y liderado por Aziz Ajanuch, que ha sido ministro de Agricultura y que pasa por poseer la mayor fortuna de Marruecos después de la del propio monarca.

Dado que la mayoría parlamentaria se sitúa en el corte de los 198 escaños, los vencedores presumiblemente tendrán que contar con el apoyo del Partido Autenticidad y Modernidad (Parti Authenticité et Modernité, PAM), el que llamaron el partido del amigo del Rey y su actual consejero, Fouad Ali El Himma, con 82 diputados. Tecnócratas y liberales, ese es el espectro ideológico que marca a ambas siglas. También a la derecha, el veterano partido nacionalista marroquí, el Istiqlal, nacido al calor de la independencia, que consiguió esta vez 78 parlamentarios. El resto, hasta completar 395 escaños, se reparte entre siglas de diversa suerte, como la Unión Socialista de Fuerzas Populares, que tiene ahora 35 escaños, 15 más que hace cinco años. Y también al alza, el Partido Progreso y Socialismo (PPS), que ha ganado 6 escaños empatando en dicho rango con el partido que ha venido gobernando el país hasta ahora.

Se esperaba una abstención elevada, pero no ha habido tal; 50,35% de los 18 millones de electores convocados a las urnas, ocho puntos por encima de los anteriores comicios, celebrados en 2016. Al mismo tiempo que las elecciones legislativas, las urnas acogieron también ayer el voto de las regionales y de las municipales. Sin embargo, sus resultados no se conocerán todavía, ya que sus recuentos son más complejos, pero resulta verosimil que el PJD pierda también buena parte de las alcaldías que hasta ahora gobernaba. A saber, Rabat, Salé, Tanger, Kenitra, Meknés, Marrakech y Agadir.

Ahora, Mohamed VI tendrá que designar al líder que tenga que formar gobierno por un periodo de cinco años. En 2011, Marruecos se dotó de una nueva Constitución que aumenta el margen de maniobra del Gobierno y del Parlamento, sumamente sujetos hasta ahora por las prerrogativas reales y por la influencia de los lobbies que representan al majzén, ese conglomerado de personas y sectores influyentes que han marcado la vida política del país durante los últimos tres cuartos de siglo.

El PJD, que se había opuesto a la reforma electoral que ha cambiado la fórmula de reparto de escaños, denunció “graves irregularidades”, señalando el “reparto obsceno de dinero” en las cercanías de los colegios electorales, o confusiones en las listas de electores.

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