Un incendio de sexta generación

El fuego en Sierra Bermeja es todavía una gran preocupación. Arden árboles y monte bajo. Los pinsapos que datan del Cuaternario y son una reliquia autóctona de esta zona y únicos en Europa, sufren el acoso y son devorados por el fuego. Los vecinos se lamentan y tienen que abandonar sus viviendas siguiendo el consejo de los expertos. Todo son nubes de humo que se alzan sobre los montes y las pavesas son como dardos que ocasionan nuevos fuegos.

Dicen los entendidos que estamos ante un incendio de sexta generación y se producen llamas de hasta 30 metros de altura. El agua de los helicópteros se evapora y no alcanza su objetivo. El desasosiego cunde y se ha perdido una vida humana, la de un bombero forestal.

La incapacidad humana se da de frente con la fuerza de una naturaleza descontrolada, que ha llegado a compararse con los gravísimos incendios habidos en California o en Siberia. Estamos ante una manifestación poco habitual del fuego en nuestra zona. El cambio climático se pone de relieve como un factor desencadenante. Los cambios climáticos son cíclicos en el devenir de nuestra historia y en este último cambio, el hombre es el ejecutor, más o menos directo, por sus comportamientos medioambientales.

Lo cierto y verdad es que hemos de afrontar una realidad que se enfrenta a nuestro mundo y hemos de darle una solución. El ramoneo de cabras siempre fue necesario, pero el acotamiento de zonas como parajes naturales con una exceso de protección, contribuye a que la vegetación llegue a ser excesiva, quizá esta prohibición tenga algo que ver con  la poca o nula responsabilidad de los que se adentran en la sierra. Hoy se hace poco o ningún picón en el monte. Tampoco se sale a recoger ramas y piñas. Y se prohibió coger ciertos productos silvestres por temor a que desaparecieran (a lo mejor es que el hombre se ha vuelto tan irresponsable que le prohíben andar por el monte). El caso es que estamos ante la destrucción de la naturaleza o ante el ocaso de la voluntad del hombre sobre todo aquello que toca con su irresponsabilidad y autosuficiencia, creyéndose el centro de todo lo que le rodea. 

No quiero pensar que después de este fuego y sobre sus cenizas se lancen acusaciones sobre responsabilidades y abandonos. Sólo quiero imaginar que todos, los unos y los otros, de cualquier partido político, se sienten en una mesa sin reprobaciones y con ánimo constructivo. Nadie tiene la solución perfecta ni los unos ni los otros, pero entre todos pueden conseguir una vía de actuación que conforme progreso con naturaleza. 

Errar es humano, pero levantarse y seguir también lo es. Lo que no tiene cabida en este decálogo de intenciones es la intencionalidad de quien provoca el fuego. Es otra de las muchas formas de violencia que vivimos en la actualidad, por no hablar de la piromanía que debe de ser tratada como una enfermedad de índole mental.

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