Rosa Romojaro: «En todo lo que escribo está Algeciras»

La escritora regresa con ‘Puntos de fuga’ (Renacimiento), un libro inclasificable que resume sus años más convulsos y se lee como una novela fragmentaria

Aunque conocida sobre todo como poeta y ensayista, Rosa Romojaro (Algeciras, 1948) ha hecho también sus incursiones en la prosa, tanto en la narrativa corta –No me gustan las mujeres que lloran y otros relatos– como en la novela, con Páginas amarillas. Su última entrega, que acaba de ver la luz en el sello Renacimiento, pertenece a este género casi sin querer, y desde luego queriendo escapar de cualquier clasificación convencional: Puntos de fuga (cuaderno de Alemania) está compuesto por el contenido de papeles dispersos que la autora fue escribiendo en un momento difícil de su vida, entre la década de los 80 y los 2000, y guardando en una caja de cigarros.

“Se podría considerar una novela escrita de una forma distinta, pero que posee sus propias tramas”, comenta Romojaro, quien explica aquel tiempo en que se vio desbordada por los acontecimientos: “Inicio una nueva aventura matrimonial, con cambio de casa incluido y recuperación de la familia tradicional. Entro en la universidad a la par que seguía ejerciendo como profesora de instituto, y empiezo a hacerme un currículum sin dejar de cultivar mi propia literatura. Y pierdo lo fundamental, la casa en la que vivía, un noveno piso en un barrio de Málaga donde yo estaba en la gloria, y desde donde subía a la azotea para contemplar toda la ciudad”, recuerda.

Todos esos cambios los compara la escritora con “una bajada a los infiernos”, por lo que tenía de “dificultad para encontrar silencio, el lío de los alquileres… Entonces me salvaron los papeles que iba escribiendo y echándome a los bolsillos. Fue una época muy dura que sobrellevé gracias a esos textos breves que me conectaban con el mundo, mucho más que los diarios que escribí entonces, y que yo llamaba diarios de quejas”.

La poeta, la narradora y la ensayista –“he escrito ensayos más divulgativos y otros más duros y académicos, además de colaborar en el diario Sur y en ABC”, resume Romojaro– confluyen en unas páginas que invitan al lector a reconstruir él mismo el mosaico de emociones, recuerdos y observaciones que componen estos Puntos de fuga. El subtítulo Cuaderno de Alemania, por cierto, alude al cuaderno donde la escritora fue pasando a limpio los papelitos, regalo de un amigo suyo que se lo trajo de dicho país.

“Ahí fui transcribiéndolos más o menos ordenadamente, a veces descubro papeles que son anteriores o posteriores, pero en todo caso pienso que son publicables. Para mí es como un regalo que hago al lector”, afirma.

¿Cómo de lejana se siente la Rosa Romojaro de hoy de aquella que reflejan sus Puntos de fuga? “En la presentación del libro, Juan Francisco Ferré comentaba que una Rosa del pasado parecía estar enviándole un mensaje a la Rosa del futuro. Cuando durante el confinamiento voy releyendo y me decido a publicarlo, me introduzco en el texto y soy la misma. Y el hecho mismo de publicarlo me hace también ser la misma. Yo misma me convierto en literatura, como decía Roland Barthes del narrador, me siento un ser de papel”.

A pesar de llevar muchos años residiendo en Málaga, la autora de poemarios como Agua de luna, La ciudad fronteriza, Zona de varada o Poemas de Teresa Hassler, se sigue considerando algecireña por los cuatro costados. “Ya mis relatos de No me gustan las mujeres que lloran

eran historias de la carretera entre Málaga y Algeciras, y alguno se refiere a mi infancia algecireña. Allí sigue viviendo mi hermano, mi hija, mis nietos, y cada vez siento más pasión por ese rincón del mundo tan particular. De hecho, en Puntos de fuga también aparecen imágenes algecireñas, la Plaza de Abastos, las gaviotas, sueños que tienen que ver con la casa de la calle Convento donde yo vivía…”

“En todo lo que escribo está Algeciras”, concluye Romojaro, quien considera que este origen campogribraltareño ha determinado no solo muchos aspectos de su estilo, sino toda una forma de mirar el mundo: “El tejado de mi casa, la visión de África, del Peñón, ese es mi paisaje”, asevera. “Y también el hecho de que los niños de mi casa no tuviéramos habitación, ya que mi padre era médico y tenía la consulta en casa. ‘Los niños, en cualquier lado’, decían, y así dormíamos, lo que me llevó a un insomnio que sigo padeciendo. La casa que perdí en Málaga era un poco una reconstrucción de aquella infancia. Y lo que me gusta de la escritura, sobre todo de la poesía, es precisamente la posibilidad de reconstruir nuevamente lo que hemos perdido”.

Cuando se le pregunta si los Puntos de fuga quedarán aquí o habrá alguna otra entrega futura, Rosa Romojaro comenta que “quizá pueda ofrecer algún día una segunda parte, más madura. La primera, como he dicho, me salvó de caer en una depresión. Ahora me he jubilado, he estado trabajando en una reedición de mi libro Lope de Vega y el mito clásico, pero ahora estoy deseando retomar la creación”.

Share on facebook
Facebook
Share on google
Google+
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on pinterest
Pinterest

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

cinco × uno =