Preguntas insaciables

El autor del artículo reclama una respuesta social a las interrogantes a las que se enfrenta la humanidad

Nuestras vidas son un rosario de preguntas insaciables, algunas con respuestas y otras sin ellas, por mucho que sepamos que hay nuevos mundos fuera de nosotros, con otras reglas e imposiciones. Ahora, por ejemplo, escuchamos hasta la saciedad, lo de la distancia social, las mascarillas y las limitaciones de contacto con otros.

Quienes escribimos, no encontramos en ocasiones la manera de favorecer la construcción de una narrativa que permita dar sentido y coherencia, bordeando el lado más aterrador  y temible de esta situación. Una especie de hilo  invisible capaz de tejer la fractura abierta por el virus.

Nos debería preocupar que las medidas de prevención que impiden el contagio, acaben ejerciendo sobre los demás su efecto más paralizante y atemorizador. Ante preguntas insaciables, tendemos a inventar y modular nuestras respuestas ante los actos de los otros para no invitar al miedo en cada esquina.

    Sin duda habremos de construir, cada uno a nuestra manera, con nuestra imaginación y nuestro lenguaje, una nueva ficción que nos permita habitar un mundo nuevo, una nueva realidad que a pesar de dejar fuera el contacto, no lo deje del todo, y que aunque limite los encuentros, no los anule del todo para que el lado social, a su manera permanezca, anudado a la responsabilidad.

    La fuerza de nuestras ideas es un motor para hacernos preguntas insaciables, y resulta de gran ayuda para generar coherencia y discurso social, pero no está, o está ensordecida y limitada  a su función académica, a pesar del empeño y el esfuerzo de muchos educadores.

  Por mucho que echáramos a volar nuestra imaginación, y que hiciéramos correr ríos y ríos de tinta sobre lo que nos concierne, lo que no podíamos en ningún caso pensar, es que un virus pudiera ser la causa para parar el mundo como así ha sucedido.

   Las personas que queremos un mundo diferente lo veníamos diciendo y denunciando, este sistema de producir, de organizar la vida, nos lleva al caos. Hasta adolescentes como Greta Thunberg han generado una respuesta social a nivel mundial, ¡no escuchada por cierto!, sobre cómo no podemos seguir sosteniendo el nivel de producción y consumo que llevamos, si realmente queremos conservar la vida en el planeta.

   Toda la sociedad está “patas arriba”, donde el miedo atraviesa transversalmente    muchos de los aspectos de una vida digna de ser vivida. Durante los últimos meses se han modificado radicalmente las relaciones sociales, y hemos tenido que reinventar o utilizar de forma masiva las tecnologías para poder seguir comunicándonos con nuestros seres queridos, amigos o compañeros de trabajo.

   La inseguridad genera miedo e incertidumbre, y nos hace poner a todos en funcionamiento nuestras habilidades para atender nuestras necesidades globales, y generará las oportunidades de atender, escuchar, comunicarnos, ocupar el espacio, tener el tiempo necesario para establecer nuestras tareas laborales con calidad y satisfacción.

    Tenemos muchas situaciones de exclusión en nuestra sociedad. Los parados, las personas  con problemas físicos y psíquicos. Esta pandemia nos ha hecho ver y parar, y con ello estamos teniendo el tiempo para reflexionar sobre las necesidades de las diferentes personas y los distintos colectivos, sentir nuestros límites corporales a través de los cuerpos de los otros, descubrir distintos equilibrios y desequilibrios,  e investigaremos a través de la exploración, la imaginación y los  símbolos.

                          

Profesor y escritor
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