Pio, pio

Emilio Castro, en su artículo de hoy, echa a pelear a los superhéroes de Marvel contra los supervillanos que pretenden sojuzgar la libertad

Lo que está pasando, no parece real pero lo es, aunque me recuerde los tebeos de Marvel que le cogía a mi hermano mayor cuando era chico. Allí triunfaban La Masa, El Hombre de Hierro, Spiderman y la Patrulla X. Siempre conseguían salvar a la humanidad de villanos sin escrúpulos. La población de las ciudades dibujadas de la Marvel, siempre estaba a favor de los buenos, en contra del malvado de turno y sus superpoderes mágicos. Los villanos reales, los de hoy, son mucho menos evidentes, se disfrazan de ciudadanos respetables para hacer la puñeta, aunque solo sea para echar unas risas (cosas de ricos).

Pio, pio, ha dicho el pajarito cibernético al ser comprado por una pasta gansa. Su nuevo propietario Elon Musk, el mago Midas del siglo XXI, quiere que la gallinácea celeste vuelva a poner huevos de oro. Hasta ahora estaba en manos de “censores” sin escrúpulos, habían bloqueado al mejor presidente de Estados Unidos de la historia, no digo más. Los anteriores propietarios habían vetado la mentira descarada, pergeñada para sacar tajada de cualquier problema. Con mucha frecuencia hemos sido golpeados bolas del tamaño de Júpiter, que no se disuelven ni en ácido sulfúrico. Qué suerte la nuestra, gracias a este señor, por fin nos enteraremos de lo que pasa en el mundo. Por fin, las mentiras parecerán mentiras. Ya estamos a salvo de medios de comunicación, a salvo del periodismo, a salvo de los datos contrastados. Aleluya, ahora trumperos y putineros, voceros y voxseros, banqueros y patriotas, pueden difundir la verdad que más les guste. No dejarán que la realidad les estropee un buen tuit. Prohombres y magnates, predicadores y rebañahorzas, charlatanes de feria que venden ruedas de molino para tragar con agua del grifo, como si fuesen aspirinas, ya podrán dormir tranquilos, pobrecillos.

Gracias señor Musck, por trepar a lo más alto, descubrir La Luna para turistas millonarios, y privatizar el espacio, ya era hora. Gracias por mostrarles el camino de las estrellas, a los que nunca se estrellan. Gracias por descubrirnos a todos la libertad de expresar la primera burrada que nos venga a la cabeza y de mentir por el morro, aunque nos lo pisemos. A la palabra libertad, la más burlada, humillada, maltratada, atacada y reinterpretada en cualquier idioma, le ha salido un defensor, un superhéroe sudafricano. Ah libertad, te has convertido en el derecho a consumir aunque vendas a tu hermano, a explotar, a robar, a mentir y salir impune. 

Nuestro querido Elon, el tío más rico del mundo, no lleva mayas ajustadas, con su traje espacial consigue que se convierta en oro, todo lo que trasluce. Así ha llegado a presidir la pirámide Forbes para ambiciosos sin medida, bribones compulsivos y delincuentes con esmoquin, acompañados por sus novias recauchutadas. Todo, todo el orbe y la urbe, se deshace en halagos. Especialmente los medios de comunicación, que destacan sus éxitos sin decirnos nunca cómo se han logrado. El otro día, en una tele pública, un tipo con cara de entusiasmo, decía que por fin Twitter, gran medio de comunicación, había sido liberado. Si a estas alturas, no se tiene clara la diferencia entre una red social y un medio de comunicación, estamos aviaos. Si un periodista confunde estos términos estamos todos acabados.

¿Para qué necesitamos los medios de comunicación? ¿Para qué el periodismo? No será mejor que nos “informen” los magnates de la lista Forbes. La información, la única importante es la futbolera, la de Eurovisión y los líos de las “celebritis” (no hay en castellano una palabra que signifique eso, si acaso podríamos definirlos como vagos-vividores). Qué importancia tiene la realidad, cuando podemos ver los modelitos de cualquier estúpida, o admirar el perreo de su prima en directo. No es tan divertida la información veraz, como admirar el plato de paella que se va a zampar un gilipollas con ínfulas.  O los tatuajes horteras de su primo.

Cuando era un niño, al menos tenía claro que los puñetazos que arreaba La Masa, no eran reales y la bomba que hizo volar a Carrero, sí. Me pregunto si para el próximo siglo, seguirá habiendo prensa libre, o la propaganda y la estupidez, habrán ocupado todo el espacio, sin que nadie diga ni pio. Los nietos que nunca tendré, no podrán distinguir la realidad de la ficción, para entonces los magnates, los superhombres ya habrán tomado el control de todo, para entonces la palabra democracia, habrá cambiado tanto de significado, que nadie sabrá para qué sirvió un día.                                                 

Justo lo que pasa ahora con la libertad.

Emilio Castro, fotoperiodista, escritor e ilustrador
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