Perdonadme mis fallos

"Contra viento y marea vamos salvando nuestras equivocaciones , escuchando cantar verdades y pregonar mentiras, defendiéndonos de acusaciones y denunciando incompetencias", afirma Juan Antonio Palacios Escobar en su artículo

Ser críticos es esencial para diagnosticar acertadamente la realidad y poder saber lo que nos interesa sobre  nuestras  debilidades y fortalezas, y por tanto las propuestas para mejorarla o aprovechar nuestras potencialidades al máximo. Mantener un espíritu autocrítico es fundamental   para saber cuáles son nuestros errores y como corregirlos.

             Normalmente si somos rigurosos, estaremos en las mejores condiciones para ser generosos y saber perdonarnos nuestros fallos. Si por el contrario somos arbitrarios , actuaremos de forma azarosa y arriesgada, para desde la aventura borrascosa sustituir una equivocación por otro desacierto.

               Sería fenomenal que nuestros representantes públicos supieran reconocer sus desaguisados y entuertos y comprobarían como los electores sabrían perdonarle sus fallos. Nos evitarían muchos disgustos y frustraciones y aprenderían que las torpezas tienen soluciones, mientras  las idioteces repetidas conducen al cabreo colectivo.

              Hay demasiada gente pendiente de que cuadren los datos y las estadísticas, olvidándose que frente al poder de los números están los sentimientos de las personas, que hemos de encontrar un rincón para pensar y un patio para jugar, y veremos que nuestras actuaciones estarán más libres de pinchazos.

              Perdonémonos los fallos del aquí y el ahora, de lo imperfecto a lo perfecto o viceversa , los alejados y descastados, nuestras alegrías y sufrimientos, los sabios y precoces , los ecos que no suenan , los gestos necesarios de las primeras veces

              Con una actitud abierta , sorteando pasiones y conducciones , cualquier idea puede masticarse entre deseos y rechazos, exquisiteces y residuos, sin dejarnos eclipsar por los falsos ídolos, pero aprendiendo de quienes nos pueden servir de modelos.

               No queremos cometer demasiados errores, ni ser rompedores , angustiosos y lúgubres. Tomarnos la vida como un maratón, nos obliga a recuperar fuerzas, descansar antes de seguir. Hay cosas que nos cambian , como es el caso de la fama , y cada cual la vive a su manera, de forma constructiva o destructiva.

                Recuerdo que de pequeño mi padre me decía , que todos los tontos son solemnes y apartan de sus vidas la sencillez, frenan cuando deben acelerar y pisan el acelerador sin saber el momento de parar. Ascienden o descienden , avanzamos o retrocedemos , con pasos hacia adelante o hacia atrás

                 Contra viento y marea vamos salvando nuestras equivocaciones , escuchando cantar verdades y pregonar mentiras, defendiéndonos de acusaciones y denunciando incompetencias. Ruidos y silencios se alternan en la escena de lo que anima y lo que nos amenaza.

                  Lo mismo que nos une, nos puede separar. Hay momentos de alejamiento y acercamiento. Es importante no meternos en batallas inútiles, que están perdidas de antemano. Debemos conocer otros mundos y nuevas realidades , desmontando falsos mitos, barreras y brechas, fijando prioridades honestas y soñando con planes divertidos.

                   Tenemos que  asumir cuanto antes lo que hemos hecho mal, marcando nuestro objetivos, intereses y prioridades desde un principio, y teniendo al lado amigos que nos digan lo que muchas veces no queremos oír. Si nos dejamos llenar de energía, avanzaremos , si lo hacemos con tacto, pero con firmeza y resolución. Sabremos perdonar nuestros fallos, si somos exigentes para compartir y disfrutar.

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