Pepe de Lucía, por fin, recibirá la Medalla de Andalucía

La Junta de Andalucía anunciará hoy los galardones que se entregarán el próximo 28 de febrero

El cantaor José Sánchez Gomes (Algeciras, 1945), conocido artísticamente como Pepe de Lucía, recibirá el próximo 28 de febrero una de las medallas de Andalucía de 2021. Así se anunciará hoy martes por parte de la Junta de Andalucía, tras la celebración del Consejo de Gobierno en la ciudad de Ronda, en conmemoración de la asamblea por la autonomía andaluza de 1918, que sentó las bases del andalucismo histórico. Ahora, quedará por dilucidar si el gobierno autonómico, tal y como le ha solicitado José Ignacio Landaluce, alcalde de Algeciras, solicite al Gobierno central que también se le conceda la Medalla de las Bellas Artes.

Hijo de Antonio Sánchez Pecino, que se había quedado huérfano con tan sólo ocho años y había aprendido a sobrevivir con un puesto en el mercado y como guitarrista, y de Luzía Gomes, una portuguesa de Montihno, en Portugal, junto a Monte Gordo y Castro Marim, un topónimo que daría título a un disco célebre de su hermano, Francisco Sánchez Gomes, Paco de Lucía (Algeciras, 1947). Hermano de Ramón de Algeciras, de María y de Antonio, Pepe ha desarrollado una larga carrera musical como cantaor, productor, compositor y letrista. El domingo, subirá al Teatro de la Maestranza de Sevilla para recibir un galardón que ya obtuvieron con anterioridad su hermano Paco, con el que debutó siendo niño con Los Chiquitos de Algeciras, y su hija, Malú. Su hijo José Manuel también se ha dedicado a la música. A su vez, fruto de su relación con Lucía Limón, tiene un tercer hijo, Jose, aún adolescente.

Portada de uno de los discos de «Los Chiquitos de Algeciras»

Con su hermano Paco, triunfó en 1962 –él sólo tenía 16 años y el guitarrista, 13—en el Concurso Flamenco de Jerez de la Frontera, que les abrió las puertas a grabar un documental con Antonio en la Cueva de Nerja. Poco después, ese mismo año, Pepe se sumó a la compañía de José Greco en una larga gira por Estados Unidos, hasta que la joven y sorprendente voz reclamó la presencia de su hermano.

Mientras la Bienal de Málaga también prepara un reconocimiento hacia Pepe de Lucía, este acaba de publicar “Un nuevo universo” (Universal), un disco producido por Alejandro Sanz –“No es mi amigo, es mi hermano”, suele afirmar–, al que dedica uno de los temas del disco que ya fue comentado en este blog, en donde mantiene el equilibrio entre el rigor y la heterodoxia.

Portada del nuevo disco de Pepe, «Un nuevo universo», con Universal

Tras su etapa en la compañía de Greco, Pepe incorporó a un jovencísimo José Monge, “Camarón de la Isla”, a la casa familiar de la avenida de la Ilustración, en Madrid, a donde se había mudado la familia. Tras una etapa en solitario, como un intérprete capaz de reinterpretar los cantes clásicos o atreverse a componer una versión española de The Boxer, de Simon & Garfunkel, Pepe de Lucía, se incorporó en 1980 al sexteto inicial de su hermano Paco, junto a Ramón, Carles Benavent, Jorge Pardo y Rubem Dantas.

Y con él siguió hasta 1998, cuando vuelve a pelear en solitario con la música y publica para abrir este siglo, “El orgullo de mi padre” y “Cada día”, aunque los mayores reconocimientos vendrían de la mano de “El corazón de mi gente”, que obtuvo el Grammy al Mejor Álbum Flamenco en 2003. Su contenido eran composiciones propias, pero que habían interpretado otros artistas.

Paco y Pepe durante una de las giras con José Greco
Una de las primeras actuaciones de «Los Chiquitos…», en Algeciras

Es en su faceta de compositor donde Pepe de Lucía ha obtenido grandes reconocimientos. Camarón «desde Como el agua a Potro de rabia y miel «, Remedios Amaya, El Potito, Los Chunguitos, La Macanita, Alejandro Sanz son sólo algunos de los que han interpretado sus composiciones.

En ese álbum, hay títulos clásicos de su repertorio a los que de repente amplía la letra, como ocurre con la rumba Buana buana kin kon, que fue el bis que incluyó su hermano Paco en su disco en directo Live in América. O Como el agua, que popularizó Camarón de la Isla, en el disco del mismo nombre, y que Pepe asegura que esos tangos los ha cantado hasta Pink Floyd: “También quería cantarlos yo”, afirma.  Cuando la compuso, Pepe de Lucía se la ofreció primeramente a La Susi, pero ella la rechazó: «Exactamente. Ese tema se lo di a la Susi y me dijo que no le gustaba. No sé si sería ella o el productor o la gente que tenía alrededor. Nunca estamos solos, estamos rodeados».

«Claro que lo comenta La Susi. Lo dice cada vez que tiene una oportunidad», confirma Pepe, que la interpretó en dicha grabación junto a Remedios Amaya, según confesó públicamente,  por un guiño al pueblo gitano, con el que siempre estuvo relacionada la biografía paya de su familia: «Nosotros hemos hecho siempre una vida y una comunicación con ellos absolutamente directa. A mí me puso el mote inolvidable de El Pelleja una gitana que fue Loli, que fue la que casi se crió con nosotros y estuvo siempre en nuestra casa. Hemos vivido en un barrio, en la Bajadilla de Algeciras, donde vivían muchos gitanos, la Bernabela, el Yiyi, Diego Meco, la Trini, toda esa gente».

En los créditos, afloraba un equipo músico habitual con nombres como los de Carles Benavent, Tino de Geraldo, José Mas «Kitflus», José y Justo Heredia, Antonio «El Negro», Ángela Bautista, Jesús Bola, Doctor Kely, Javier Limón, o el cajón de Piraña y unas alegrías compuestas por su propio hijo, José Manuel, que ya le había acompañado en una anterior aventura discográfica. Pero es un disco de dúos con voces y guitarras. Entre las primeras, su hija, Malú, pero también Manzanita, Parrita, Remedios Amaya o Camela. Entre las segundas, la de Vicente Amigo, Chicuelo, Niño Josele, Juan Diego, José Manuel Cañizares y Tomatito.

Con «Tomatito» vuelve a coincidir a la grupa de “Luz de carbón”, el título que cierra aquel disco: «A Camarón, siempre lo he visto como algo mío, como algo que ha pertenecido a mis raíces, a mi vida, a mi mundo y a mi casa. A Tomate, al estar incluido ahí con él, lo he visto como muy juntos. Yo creo que me voy a morir siendo ingenuo, al margen de lo que pueda ocurrir en la vida. Yo, a Camarón, lo he sentido muy dentro de mí y lo sigo sintiendo así», declaraba entonces.

La selección de guitarristas que incorporó a “El corazón de mi gente” tampoco es casual: «No puede ser casual porque yo la guitarra la he mamado y la he sentido desde que era prácticamente nada. Como tampoco me gusta molestar tanto a mi hermano, porque mi hermano tiene ya su vida y tampoco quiero, ya de una vez, que se utilice el nombre de Paco en ningún concepto, en el buen sentido, he utilizado a mis compañeros de siempre y he buscado a gente a la que admiro y a la que quiero. No están todos, porque en un disco no caben tantos temas ni tampoco uno puede grabar tanto, pero sí están los que de verdad tocan muy bien. Hay una alegría muy bonita con Vicente afirma respecto al estupendo corte que da nombre y que abre el disco. Chicuelo es un guitarrista muy seguro y que toca muy bien. Cañizares no te puedo decir nada porque ya sabemos todo lo grande que es y Tomate tiene un ritmazo como la copa de un pino».».

Pepe de Lucía, acompañado a la guitarra por su hermano Ramón de Algeciras

El disco chirriaba en otra de sus composiciones añejas, “Del sur a Cataluña”, al que sumaba las voces del dúo Camela junto a la guitarra de Chicuelo: «Camela es un grupo que vende millones de discos, aunque parezca mentira. Y esos millones de discos los compra el pueblo, que es el que vota también y pone a los políticos en el poder. Eso significa que si un grupo vende casi dos millones de copias, como hace Camela, es porque puede cantar un tema como ‘Del Sur a Cataluña’, ‘Garabí’, que lo cantó en su día Tijeritas y que asemeja muy bien el tono de voz, la forma de cantar y el tecno que él hacía en su época. Es un piropo a Cataluña que quizá pueda decir alguien que desentona un poco aquí. Hay que ser también humano y un poquito menos pasional».

“Al alba”,otra de sus creaciones, aparecía aquí bajo el título de “Sueño de Amor”, con el que fue registrado en su día y cuyo título utiliza ahora para diferenciarla de la célebre canción homónima de Luis Eduardo Aute que terminó aflamencando José Mercé. El alba de Pepe de Lucía discurre ahora con la compañía de su hija, la cantante Malú, con la que ya interpretó hace tiempo un homenaje particular a Andalucía.

«La veo como una mujer que ya es y que ya tiene su propio criterio –aseguraba entonces–. Además, con una personalidad muy fuerte. Ella no quiere que haya ningún tipo de conexión profesional, entre ella y yo, en el buen sentido, porque piensa y bien que nos puede perjudicar, tanto a ella como a mí. El tema de Al Alba me lo pidió ella y ella lo canta muy bonito. Yo lo canto a mi forma. Ella es mi hija y yo soy su padre».

María Lucía Sánchez, conocida artísticamente como Malú, nació en Madrid cuando apenas habían cruzado el umbral los años 80 del siglo XX.  Hija de Pepe y de Pepi Benítez, una de las cantantes del grupo “Arena Caliente”, sobrina de Paco, descubierta discográficamente por Pepe Barroso y apadrinada artísticamente por Alejandro Sanz, a sus dieciséis años y en los inicios de su carrera, declaraba: “El apellido te puede ayudar para empezar, pero luego te cierra puertas y te pesa. No quiero utilizar ni renegar del apellido De Lucía, pero eso no quiere decir que lo olvide. Yo quiero ser Malú”. Y lo ha sido.

Alberto García Reyes dibujó hace años un perfil de Pepe, para las páginas virtuales de Flamenco-world, a partir precisamente de ese disco: “Siempre le ha gustado hablar por lo bajini porque su corazón no sabe gritar. Pepe dialoga con el pecho. Dice lo que siente antes que lo que piensa. Es honesto consigo mismo. Reconoce sus errores y pide perdón por ellos. José Sánchez Gómez, Pepe de Lucía, el Chiquito de Algeciras, vive del, por y para el flamenco. Por eso repudia a los «puristas» cercenadores que ignoran la grandeza del arte que tanto defienden. Por eso no tiene miedo de apuntarles con el dedo”.

“Yo soy más partidario de la música, la música en general –responde cuando García Reyes le inquiere por el eterno pulso entre ortodoxia y heretodoxia–. Los ortodoxos siempre hablan de la seguiriya cuando la seguiriya es marroquí, es de los árabes, de los moros. La mezcla de culturas que tenemos nosotros, de años y años atrás, es una mezcla que produce matices. Si escuchas a un pakistaní, escuchas a un cantaor. Si escuchas a los judíos sefarditas, son cantaores. Lo mismo pasa con los indios o con la música oriental, que se asemeja mucho. No hay por qué respetar el canon de los veinte o treinta cantes establecidos. Pueden ser veinte, treinta, cuarenta, cincuenta o cien”.

Pepe de Lucía, en uno de sus primeros discos en solitario

Fue una conversación interesante, aquella. Y, desde luego, dejaba claro el instinto tan comercial como abierto de Pepe, cuando planteaba que había gente que se encierra en que no se puede romper la magia de la tradición jonda: «Pero tienen que entender que el cerebro tiene que llegar a otro coeficiente más grande y hay que superarse para hacer las cosas más bonitas, con más armonía, con más proyección para que un músico de Estados Unidos entienda lo que haces y no hacer la clásica armonía de siempre, que el diapasón es muy grande. No nos podemos conformar diciendo que existen 81 cantes. No. Por supuesto que hay 81 cantes y hay que respetarlos, porque esos cantes pertenecen a nuestra raíz y nunca debemos olvidar esa cadencia. Pero también tenemos que improvisar, hacer algo y no quiero ofender a las personas que respeto y admiro, pero que hay que hacer cosas nuevas. Yo, desde mi opinión, siento que sí. Aunque a lo mejor estoy equivocado”.

Más tarde, cuando sacó al mercado su disco quizá más concienzudo, “El orgullo de mi padre”, sintió especialmente el peso del silencio, puesto que apenas tuvo respuesta de crítica o de público, aunque algunas reseñas se inclinaron más a reseñar sus errores que sus aciertos: «Cuando mejor lo haces y más ilusión tienes, aparecen por detrás los que dicen lo que es bueno y lo que es malo. Y si hay una persona que tiene criterio y personalidad porque tenga poder y dominio para proyectar ese trabajo, no puede hacerlo porque se lo terminan comiendo».

En ese álbum, -cuando muchos se vieron sorprendidos por su temple en la guajira y los tangos que interpretaba en Flamenco, de Carlos Saura-, Pepe de Lucía había reunido en torno a sí los mejores elementos, otro dream team musical. En los créditos de aquel soberbio disco, “El orgullo de mi padre”, figuraban, por ejemplo, los Ketama, Antonio y Josemi Carmona, Enrique Soto y José Soto «Sorderita», un insólito Alejandro Sanz, un incondicional Vicente Amigo, el jerezano Moraíto Chico, más su propio hermano, Paco de Lucía, con algunos de los componentes habituales de su grupo -Juan Manuel Cañizares, Jorge Pardo o Carles Benavent-. A ello, se le sumaba una serie de letras de raza: “Dile tú cuando la veas/ que el camino es muy largo/ y la espero en la vereda”.

Como remate, se incluía el fragmento de una grabación obtenida cuando Pepe de Lucía era un niño y su prestigio se festejaba por las reuniones flamencas de su tierra. Había luces y sombras a lo largo de aquella grabación. Pero lo que la salvaba a todas luces no eran todos esos elementos citados -que aderezaban sobradamente el conjunto-, sino la voz penetrante, hiriente de Pepe, que saltaba a compás por seguiriya y tientos, por bulerías, bulerías por soleá, tangos, alegrías, tanguillos, tarantas y una estremecedora nana para cerrar el disco.

En las sombras, en una esquina de la foto sepia de su memoria, aparece el instigador de su propia carrera flamenca, el hombre que le marcó las pautas y que selló definitivamente el rumbo de su vida. Controvertido y superviviente, se llamó Antonio Sánchez. Fue el patriarca payo de su clan y su orgullo pervive en cada acento de su estirpe: «A mi padre, le debo ser todo. De los pies a la cabeza, como le debemos toda la familia».

Su padre era autor y Pepe también decidió serlo: «A partir de un comentario de mi madre, en la época jovencilla mía en la que yo era más loco que cuerdo. Me decía hijo, tú tienes que ser también autor, métete en autores, me lo dijo tanto hasta que conseguí que me llamaran Pepe Autores una serie de artistas de Madrid».

«Yo tengo tantísimos títulos en autores. Felizmente, como me dijo Lydia, de la prensa del corazón, en el programa de Nieves Herrero, que era mucho dinero. Felizmente, le contesté, es un dinero muy repartido, porque va a las arcas públicas, a Hacienda, también a editoriales, a Autores y a mí me queda una parte que dedico para vivir».

Portada del disco «Cada día»

Sin embargo, el hecho de que Pepe de Lucía haya compaginado el cante con la canción no le ha beneficiado profesionalmente, al menos desde la perspectiva de la flamencología tradicional: «La Niña de los Peines grabó chirigotas, cuplés y cosas que ahí están en la historia y mejor dichas que nunca por nadie”.

Entre un disco y otro, Pepe no paró. En el 2000, apareció “Cada día”, una grabación a la que incorporaba de nuevo las voces de Alejandro Sanz y de Malú, o del grupo Jarcha. Pero la gran sorpresa del disco fue el retorno a su escena personal de su hermano Paco, que escenificaba y sellaba su reconciliación, en el supuesto caso de que hubieran llegado a enojarse de veras. La cosa es que Pepe se encajó en Cancún con el estudio ambulante de El Bola y se pusieron a hacer lo que siempre supieron: escoltarse mutuamente por los raros vericuetos de la música: «Paco tocó con las tripas, como yo digo, con muchas ganas», reconoce Pepe.

 «Con mi hermano, volveré siempre –decía entonces y, en gran medida, sigue diciéndolo–. El está en mi corazón, en mis sentimientos y en mis pensamientos. Siempre estoy con Paco, vuelva o no vuelva con él. Estoy cantando a cada momento con su guitarra. Y si él me necesita, sabe que me tiene siempre, aunque tenga que bajar de la luna».

A Paco de Lucía, le dedica además un tema titulado «Estando tú». Le aleja del precipicio, afirma en su letra. Le sumerge en un mundo de inquietud. «Yo le doy cuatro ramas de laurel y una banda», reconocía. Resultó, sin duda, un disco atrevido para aquellos que fueran buscando la estricta jondura de José Sánchez Gómez: hay, fundamentalmente, fiesta y canciones. Con rigor y talento, como él sabe hacerlo, pero con la simple pureza de su casta, que no es poco. Era su catarsis particular de muchas pérdidas: sentimentales y definitivas. Sus padres, su hermana, su separación conyugal. Y el reencuentro artístico con sus hijos, Malú y José María, guitarrista y compositor que se estrenó discográficamente, junto a él, con unas bulerías. Un disco triste pero alegre, aseguraba Pepe. Incluyó una semiópera, como él dice, que se titula «Cantao a la luz», pero en «Playa del amor» insiste en que es mentira que el amor sea ciego. «Limonero en flor» evoca la Calle Ancha de Algeciras. Por sus créditos, volvían a desfilar Carles Benavent, Josele, Paco Jarana, el propio Jesús Bola y Diego Carrasco. Por lo demás, el álbum incorporaba el acento orquestal de la Filarmónica de Londres, y presentaba en sociedad a un cantaor que lo mismo se dedicaba ditirambos como que, de repente, se quería humilde y alejado de la pompa vana: «No quiero popularidad, ni dinero, ni fama –argumentaba–. Nada de eso me interesa, tan sólo deseo sentirme bien y muy, muy libre».

            «Cuanto más importante es uno, más gente depende de ti y más buitres son los que te rodean –añadía a renglón seguido–. Al cabo del tiempo, te das cuenta de que ya no eres ni una sombra de lo que fuiste y que, incluso, la solidaridad entre los artistas puede ser imposible».

            Quizás, a sabiendas de que “es muy fácil dejarse llevar por el mercado» y «convertirse en un producto de consumo más».

Pepe siempre reivindicó a sus padres, Antonio y Luzía

De chico le llamaban «El Pelleja» y José Sánchez, «Pepe de Lucía» para el mundillo artístico, sigue guardando un cierto aire infantil, el mismo que causó asombro en el concurso de Jerez de 1962, cuando se presentó en escena con sólo 16 años de edad acompañado de un micurria, un enano llamado Paco, que le tocaba la guitarra. Juntos, como queda patente en las páginas anteriores, protagonizaron algunas de las más brillantes páginas de la historia flamenca del último medio siglo. Pero Pepe sobrevivió a su distanciamiento artístico de Paco. Aunque sentimentalmente siempre intentaron ambos acortar distancias. Cuando a Pepe se le pregunta por un disco perfecto:  «Almoraima», responde, en memoria del célebre título de su hermano. Pero, según sigue confesando en público, se entusiasma con otras grabaciones legendarias como «Como el agua» y «Viviré», de Camarón de la Isla, en cuya producción participó activamente.

Claro que si a Pepe de Lucía se le pregunta si se siente orgulloso de su carrera, se muerde  los labios y con aparente modestia, aduce: «Yo siempre creo que debo de aprender más». «Malditos somos todos en un momento dado», exclama cuando se le pregunta por el olvido y la falta de piedad de cierta crítica. «La verdadera critica se debe dejar para la historia», agrega.

A Pepe le atrae husmear el éxito, por mucho que sepa de sobra que nunca hubo un cante que se convirtiese en canción del verano: «Porque tampoco hay un pueblo ni una clase social que sea el motivo de un verano. La cultura no cabe en una temporada».

Siempre, le atrajo la pintura, y de hecho pasa por ser espectador y coleccionista, aunque también pinte: «Más que nunca, me interesa ahora. Y me interesa porque plasma muchos sentimientos. Hablo, de vez en cuando, con algunos cuadros que tengo y, de hecho, le cuento la historia de mi vida a «La Dama de Bolivia». Es un cuadro que no tiene firma y que me regalaron en Brasil».

Pepe afirmaba que su poeta de siempre era Miguel Hernández y sus recuerdos son sus desaparecidos: sus padres y su hermana, María. Un paisaje: «Lo que te encuentras después de Despeñaperros, hacia abajo, hacia el sur, claro». Una comida: «Jamón». Una canción que no sea suya: «Aquella que dice «como el viento y el mar, como el pájaro ama la libertad», de Víctor Manuel. Esa es mi canción favorita. Yo soy esa canción».

Letrista y compositor, él prefiere considerarse como «un trabajador y un luchador de lo que hago». «No soy ni compositor ni letrista, soy un humilde cantaor que se esmera y busca alguna inspiración que luego llevo con el mayor de los respetos a una música. Y trato de proyectarla a la gente para que luego me den su opinión y para dar otro nuevo colorido a lo que hago. Pero pretendo agradar a los aficionados y al público».

Sus composiciones siguen paseando por una eterna cuerda floja: «Todo lo que huela un poco a flamenco o a música andaluza enriquece al flamenco y todo lo que pueda darle un aporte al flamenco para seguir por ahí, como en su día hicieron Paco y Camarón con la fusión con otros ritmos, viene bien para que el público entre por ahí. Camarón grabó “Volando Voy”, de Kiko Veneno, y “Amor de Conuco”, de Juan Luis Guerra, con Ana Belén».

Durante los últimos años, junto a una mujer que lleva el nombre de su madre, se afincó en Gines, en Sevilla, «pero no he perdido la silla», avisa: «Sevilla es ni fú ni fá, pero me tratan bien y no tendrían por qué hacerlo». En cualquier caso, sigue construyéndose una casa en Algeciras: «La gente me aconseja que me la compre en otra parte, pero les digo que ,aquí, he mamado la vida y recuerdo la madrugada, el amanecer, lleno de alegría, de jubileo, de pan fresco. No puedo olvidar jamás eso, ni mi padre, ni mis amigos, ni la fiesta en los patios… Eso está clavado en la amargura».

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