Pepe de Lucía, dos Grammys para un hijo de Algeciras

El cantaor algecireño volvió a conquistar Las Vegas

Pepe de Lucía, Medalla de Andalucía en su última edición y ganador de dos Grammy latinos, todavía no es hijo predilecto de Algeciras. Que se sepa. El algecireño Pepe de Lucía se ha hecho con un nuevo Grammy Latino 2021 en la categoría de Mejor álbum de música flamenca por su último disco titulado ‘Un nuevo universo’, durante la gala celebrada la pasada semana en el hotel casino MGM de Las Vegas, Estados Unidos.

Pepe de Lucía, para quien este es el segundo Grammy de su carrera, se impuso allí a ‘Alma de pura raza’ de Paco Candela; ‘Amor’, de Israel Fernández & Diego Del Morao, probablemente la mayor revelación flamenca del año; ‘Herencia’, de Rafael Riqueni; y ‘El Rey’, de María Toledo. El disco del artista algecireño rompe, de una manera sorprendente pero también tradicional, un silencio discográfico de catorce años.

Al ser nominado para dicho premio, el alcalde de Algeciras, José Ignacio Landaluce, trasladó su felicitación a Pepe de Lucía por el éxito de este álbum, publicado en diciembre de 2020 y producido de la mano de Alejandro Sanz.

“Pepe es uno de los artistas que ha revolucionado el mundo del flamenco, con una carrera repleta de éxitos como cantaor, compositor y productor, lo cual ya le valió en 2003 un Grammy Latino en la categoría de mejor álbum de flamenco por su disco El corazón de mi gente y este mismo año la Medalla de Andalucía en reconocimiento a estos 64 años de trayectoria en el mundo de la música” ha asegurado el primer edil y ha añadido que “hermano de Paco de Lucía y padre de Malú, Pepe es un referente con nombre propio dentro de la saga de Lucía, que ha elevado el nombre de Algeciras a lo más alto del panorama artístico internacional”.

Además, Landaluce quiso resaltar el hecho de que “este nuevo álbum recoja una de las últimas grabaciones del gran genio de la guitarra, Paco de Lucía, contribuyendo a seguir engrandeciendo la memoria y el legado del hijo más ilustre de nuestra ciudad”.

Durante el pasado verano, Pepe de Lucía fue objeto de un homenaje durante la Bienal de Flamenco de Málaga, con una serie de actuaciones y conversaciones como la que se recoge a continuación.

Resumen de la charla mantenida por Pepe de Lucía, Jorge Pardo y el responsable de este blog, durante la pasada Bienal de Málaga

Un testamento vital.-

Pepe de Lucía (José Sánchez Gomes, Algeciras, 1945) viene de una historia y de una leyenda. La de una familia del sur, que buscaba en el flamenco la subsistencia pero encontró sobre todo la magia. Los nombres de Paco de Lucía o de Camarón son indisolubles con el de Pepe, que no sólo sirvió a menudo como puente entre ambos, sino que desarrolló una parte de su carrera a caballo entre ambos gigantes del jondo: ¿qué sería de Paco y su sexteto, sin su voz estremecida cantando Yo solo quiero caminar, o qué de Camarón de la Isla, sin una composición del calibre de “Como el agua”?

Esa complicidad les sirvió para congeniar el arte con la vida, desde La Bajadilla de Algeciras al rastro de Madrid, pasando por el Concurso Flamenco de Jerez del 62, los escenarios del mundo a partir de la compañía de José Greco o los vericuetos que llevaban a la revolución industrial del flamenco durante aquella década trepidante y las que siguieron.

A lo largo de media vida, Pepe de Lucía se ha perfilado como uno de los cantaores esenciales de ese periodo, pero también como uno de los compositores fundamentales en un territorio creativo, como el del cante, donde manda la tradición anónima. Dentro de esa faceta, el hijo de Antonio Sánchez y de Luzia Gomes supo crear un repertorio nuevo, hundiendo su verso en las raíces flamencas, pero también en una conexión literaria cuyos versos llevan hacia Federico García Lorca –impecable su versión del poema “Asesinato”, con la guitarra inigualable de Paco—o Miguel Hernández, otro de sus autores de cabecera. Esa versatilidad le llevó también al ámbito de la canción, con temas propios tan inolvidables como “Al alba” –en un contexto distinto a esa otra cima de la música española, del mismo título pero firmada por Luis Eduardo Aute–, o a realizar muy adecuadas versiones de éxitos de otros idiomas, como “The Boxer”, de Paul Simon.

Ahora, con el respeto de buena parte de la afición y un Grammy ganado a pulso, José Sánchez Gómez publica este nuevo disco, con una clara voluntad de testamento vital, ya que enlaza los dos campos por los que han trascurrido su carrera, el de la copla y el cante de flamante cuño, pero sin perder de vista en ningún momento su origen, esa patria profunda que a todos nos incumbe y que, en el fondo, es la de la infancia, nuestro puerto de partida, nuestra eterna casa vieja como un tango pero donde habita el pasado.

Así que, en primer lugar y como se adivina en muchas de sus letras –“Todavía me duele la espina que tengo clavada aquí en mi memoria”–, su voz y su palabra realizan un claro recuento de lo vivido y formulan una trepidante apuesta por la esperanza: un ejercicio de perdón, a veces hacia uno mismo, de reflexión sobre las ilusiones perdidas. Y lo hace a través de una paleta de colores melódicos que abarcan desde los cantables próximos al pop de su entrañable Alejandro Sanz pero, al mismo tiempo, desde el rigor de las mineras o su indiscutible magisterio en los tangos.

Esto no es un disco, es un código genético. Y a todos, nos hace herederos de una fortuna pública: la sabiduría de los suyos, su audacia y su instinto, su actitud salvaje, sin bridas, como un torero sin miedo al que han tumbado a veces los morlacos del peligro, aunque siempre supiera salir por la puerta del cante, con los trofeos de la belleza entre las manos.

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