No te matarán los osos

La desaparición de osos en el Campo de Gibraltar, un presagio del cambio climático entre viviendas ilegales, colonización urbana y narcochalés

         Cuentan que el rey Alfonso XI cazó un oso en los montes de Algeciras. Nada raro por entonces. El Libro de la Montería, mandado redactar por ese monarca, citaba treinta frondas con presencia de estos animales en las sierras campogibraltareñas, allá por el siglo XIV.

 Sin quitar mérito al Onceno, abatir un oso no era empeño demasiado arriesgado para un soberano. Nada de reyes adentrándose solos en el monte, armados con espada y pavés, para abatir a la bestia.  (Según la leyenda, eso sólo lo hizo Favila y murió, aunque se trata de un episodio bastante oscuro). La práctica de la época era azuzar una rehala de mastines contra el plantígrado, al que acosaban y dirigían hacia la armada, donde el monarca lo ballesteaba a modo y con auxilio gentes de armas, si era menester.

            El oso pardo ibérico figura además entre los de menor porte y agresividad en Europa. Suele omitirse incluso que, tanto los úrsidos autóctonos como los de otras especies americanas más grandes, eran cazados simplemente a lazo. Una práctica desarrollada por los vaqueros hispanos y que copiarían luego sus homólogos gringos. Abundan los oleos pintados a este respecto, como  el de Charles Marion Russel que encabeza este texto y lleva por título Laceando a un oso.

            Tras la completa extinción de estos animales en Andalucía durante el XIX,  el mayor peligro hoy en los parajes naturales campogibraltareños son las construcciones ilegales. La Junta de Andalucía cifra en 5.358 las levantadas en esta comarca, al margen de toda normativa. Particularmente grave es que el 78% por ciento de ellas, invaden cauces fluviales o usurpan áreas costeras, internas en la zona de demarcación marítimo-terrestre, que es de dominio público.

Casas ilegales en La Línea de la Concepción

            La Junta se empeña curiosamente en regularizar parte de esas 327.583 casas ilegales existentes dentro de su territorio regional. Será la tercera vez que se proceda a tamaño paripé que —como en ocasiones anteriores—, no erradicará esta práctica ilícita, sino que antes bien ayudará a fomentarla.

            Dentro del Campo de Gibraltar, los términos municipales de Algeciras, Tarifa, San Roque y Los Barrios, son aquellos que concentran mayor número de casas ilegales. Tampoco queda atrás La Línea, donde una de las últimas operaciones del Cuerpo Nacional Policía contra el narcotráfico puso de manifiesto como los delincuentes se dedican afanosamente a esta práctica. Otra gran concentración de narcochalés se da en Guadacorte (Los Barrios), donde las villas ilegales con embarcaderos propios para atracar semirrígidas y descargar alijos rondan la veintena.

            Existe la creencia —tan extendida como infundada— de que la cuenca o anchura de un río equivale a la de su corriente de agua. Erróneamente, se piensa que si dicho flujo se reduce o desaparece, el cauce queda seco. Grave error, habida cuenta que la principal característica de los ríos mediterráneos meridionales son sus bruscos cambios de volumen hídrico, con grandes caudales en invierno y apenas circulación en el estiaje.

            La corriente acuática de un río o un arroyo constituye sólo lo que orográficamente se denomina “canal de crecida”. Sin embargo, la verdadera anchura de una cuenca incluye además las llanuras inundables a ambas orillas, terrenos que volverán a ser ocupadas por avenidas de agua cada cierto número de años. Por supuesto dichas crecidas arramblan con cuanto se haya levantado sobre esas planicies.

            Un caso notorio serían los llanos de Benharás, anunciados actualmente como urbanización. Esa etiqueta le importa un bledo al arroyo homónimo que, tras unirse al de la Sepultura, conforman sobre dicho paraje un abanico de deyección. Menos aún le inquieta la colonización urbana al río de Las Cañas o Palmones que, a cada crecida, regresará con la escritura de propiedad bajo el brazo.  En temporada lluviosa, estos tres cursos recuperarán sus llanuras de inundación, anegando casas, carreteras, cobertizos, pozos, piscinas o pistas deportivas, allí levantadas. Idéntico fenómeno se repite en los parajes barreños de Los Cortijillos y Puente Romano, encajonados entre los ríos Blanco y Guadacorte, al final del barranco de Cañada Tosca. Una máxima a recordar: todo chalet levantado dentro del cauce de un río se tornará navegable en minutos.

Zonas en riesgo de inundación en España

Bastantes inmuebles edificados en las playas de El Rinconcillo (Algeciras) y Sotogrande (San Roque), invaden la zona pública de demarcación marítimo-terrestre. Ese allanamiento alcanza en ciertos puntos a la denominada línea de marea equinoccial viva; o sea, el punto costero donde está documentado el alcance de las pleamares más altas. Por tanto, el mar anegará esos lugares cada cierto tiempo, se pongan como se pongan sus ocupantes. Una de esas anegadas marinas forzó de hecho a eliminar la denominada “cancha de la playa”, primera construida por el club de polo de Sotogrande.

Finalmente, tanto en El Zabal Bajo como en Santa Margarita (La Línea), las construcciones se levantan en las faldas de alivio de Sierra Carbonera, por donde bajan media docena de arroyos. El riesgo de inundación es muy alto en esa zona, con el añadido de que esas construcciones generan además riesgos añadidos (contaminación de acuíferos, residuos urbanos, deslizamientos…)

Todos estos fenómenos han sido profusamente estudiados y existen mapas de zonas de riesgo de inundación, que recoge ese peligro en cada zona de España. Estos documentos son públicos y en su día se publicaron por el Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente; aunque hoy también están disponibles en el de Transición Ecológica y Riesgo Demográfico. Además el Informe de daños por riesgos extraordinarios, elaborado por el Consorcio de Compensación de Seguros con datos obtenidos desde 1971, evidencia que el 56% de los expedientes instruidos lo fueron por inundaciones y otro 31%  se debieron grandes temporales ciclónicos atípicos. Por dar una idea de la magnitud de esos riesgos, baste decir que los causados por terremotos y vulcanismo supusieron apenas el 7,8% y, los de terrorismo el 5,2%.

Existe un Plan Nacional de Gestión del Riesgo de Inundación (2006-2021), cuyos parámetros sugieren implementar una serie de acciones por parte de distintas administraciones. Esas propuestas son un brindis al sol, porque existe gran renuencia municipal y autonómica a aplicar sus postulados, dado que quedarían en evidencia por desidia y/o corrupción Asimismo el Instituto Geológico y Minero de España, encuadrado en el Ministerio de Ciencia e Innovación, ha realizado un cumplido informe donde recoge las perdidas por inundaciones en nuestro país desde 1987 a 2001 y realiza una extrapolación estimada válida para el periodo comprendido desde 2004 a 2033.

Ese estudio cifra unas pérdidas por dichas causas que para la provincia de Cádiz alcanzan los 741.063.888 euros, una tercera parte de los cuales se deberían a daños sufridos en el Campo de Gibraltar.  De otro lado, los informes científicos sobre cambio climático prevén un inminente aumento de desastres naturales (inundaciones costeras, fluviales, incendios forestales,…) de forma inminente. Muchas de esas investigaciones coinciden en que la pérdida de vidas humanas por tales causas se incrementa en los últimos años, subrayan un aumento del número de personas fallecidas por avenidas súbitas, crecidas e inundaciones, y prevén que dicha cifra se incremente.

La próxima vez que un reportero batracio (especie televisiva caracterizada por hundirse en agua hasta las rodillas para transmitir crónicas sobre inundaciones) hable de drama, recuerde que no le matarán los osos.

Ilustración principal: Roping-a-bear, de Charles-Marion-Russell

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