No sabemos ni lo que somos

"Vamos descubriendo que cuando atacamos dialécticamente al adversario, hay que llenar nuestras razones de argumentos y huir de los insultos y las descalificaciones gratuitas", afirma Juan Antonio Palacios Escobar en un nuevo artículo de la serie que viene publicando en este blog

Por mucho que nos empeñemos en encontrar explicaciones, a veces, hay ocasiones en las que no sabemos ni qué ni quienes somos. Nos preguntamos si somos el alegre o triste resultado de un idilio entre verduras y frutas, hortalizas, carnes o pescados, de perfumes u olores embriagadores.

Cuidamos nuestros ojos para ver mejor y nuestros oídos para oír los sonidos que nos envuelven, no es ni más ni menos lo común en cualquier ser humano, pero no por eso lo hace bueno y mucho menos excelente, y andamos y viajamos en ocasiones, sin movernos del lugar en el que estamos dejando pasar el tiempo.

A cada uno de nosotros, le acompaña olores, que junto con nuestro sello corporal, sospechoso, indomable y persistente aroma a sudor, nos envuelve, nos da la vuelta y nos airea, como si fuésemos unos supervivientes, que desde los antiguos fogones   musulmanes han ido saltando a las cocinas monacales,   hasta la actual forma  de combinar los integrantes  de síntesis y  vanguardia. 

 Nos encontramos con seres  que no nos dan pistas y otros que nos despistan, quienes deciden y quienes utilizan toda la fuerza de su cuerpo para saber lo que hay que hacer sin pasarse de la raya, sin reclusiones ni confinamientos, procurando no obstinarnos para hablarlo todo con calma y no abandonarnos al capricho del azar.

 Vamos descubriendo que cuando atacamos dialécticamente al adversario, hay que llenar nuestras razones de argumentos y huir de los insultos y las descalificaciones gratuitas. Cuando nos dicen lo que no nos gusta oír, hemos de ser valientes y asumir los fracasos y golpetazos, los caminos propios y las mochilas prestadas.

  Hemos de convencernos que nuestros lujos no están en lo que vale lo que lucimos, sino en cómo lo hacemos, con gustos más propios que ajenos, manejando bien los pequeños misterios de las grandes cosas, desvelando el lenguaje secreto para causar sensación sin deformar, confundir ni simplificar y reflejando una realidad que podemos convertir en fantasía .

   En nuestros permanentes bandazos, no debemos perder de vista nuestros objetivos ni pretender matar el miedo, siempre que éste no nos paralice y nos deje sin palabras y sin tener nada que decir, o perdamos el sentido de la realidad pensando que hemos dejado de ser vulnerables.

   Debemos aspirar a hacer bien las cosas, pero no pretender ser perfectos y no tener ningún fallo, ya que eso lejos de hacernos más grandes y entender mejor la vida, nos empequeñecerá y oscurecerá nuestros caminos, llenándolos de confusión e inseguridades.

     Es bueno y deseable llevar siempre con nosotros el tarro  del asombro y procurar que haya magia en cada paso que demos, para ir descubriendo quienes somos. , y seamos capaces de reemprender nuestras vidas cuando volvamos a andar con la esperanza que no es lo último que hagamos, sino que es un punto y seguido.

    No saber soportar y superar  las presiones que nos asaltan en nuestros andares, terminar los caminos con las manos vacías, suavizar las dificultades con una actitud abierta, sin fantasmadas ni mascaradas que nos encierren en la jaula de ignorar que no sabemos ni lo que somos.

   Lo que no es lícito ni admisible es que nos dediquemos a manipular  y  a falsificarlo todo, a no ver lo que no nos interese, y solo colocar el foco con ventaja sobre todo aquello que nos agrade o nos motive , montarnos el relato que nos resulte más cómodo e  ignorar lo que sean problemas y dificultades, sin dejar de pisar el suelo, aunque que deseemos alcanzar el cielo.

Ilustración de cabecera: cartel a la venta en Todocolección

Juan Antonio Palacios Escobar, escritor y profesor

                    

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