Mónika Bellido pasa revista a su propia biografía en «Bailaora»

Su nuevo espectáculo, estrenado anoche en el Teatro Florida de Algeciras, está dedicado a su madre, "que me enseñó a creer en mi" y que falleció recientemente

Con un cerrado aplauso y el público en pie concluyó anoche el estreno de «Bailaora», el nuevo espectáculo de Mónika Bellido, en el Teatro Florida de Algeciras. Dicha premier estaba prevista para el 9 de mayo de 2020, pero se vio suspendida hasta ahora por las restricciones del COVID-19 y por el hecho de que dicho recinto permaneció cerrado al público, por dicho motivo, durante más de un año.

Bailaora es un canto a la esencia del flamenco. Bailaora es una reivindicación de la identidad del baile flamenco, a través de mi propia identidad. Por ello, es un espectáculo autobiográfico que pretende repasar la transformación que ha experimentado a lo largo de los años esa bailaora que habita en mí.  Bailaora un viaje interior resultante de una trayectoria vital en el flamenco. Elegí la palabra bailaora porque el  flamenco es una de las pocas artes  que tiene un término específico para definir a quienes lo interpretan. Cuando decimos ‘Bailaora’ no necesitamos especificar que es flamenca; ya está en el término implícito ese contenido semántico«, asegura la propia Mónika Bellido.

La propuesta, que resume en gran medida la trayectoria vital y creativa de la artista y periodista algecireña, fue dedicada a su madre, recientemente fallecida: «Que me enseñó a creer en mi», asegura Mónika Bellido, en una cuidada puesta en escena en la que a la importante presencia de la danza se suman textos escritos por ella misma y que leen, entre otras, voces cómplices como las de Alejandro Sanz, Pepe de Lucía, la cantaora Argentina, o el actor Pedro Delgado, cuya ayuda a la dirección escénica del conjunto ha sido imprescindible.

En el elenco del espectáculo, figuraron el cante de José Santiago «El Tarasco» y Luis de Mateo, así como la guitarra de Antonio Martín y Fran Muñoz. El violín de Emilio Martín, las percusiones de Miguel «El Nene», el baile y las palmas de José Luis «El Lías», completaron el plantel, donde prima el baile, la voz y también la guitarra de la propia Mónika Bellido.

Cartel anunciador del espectáculo, obra de Antonio Martín Riego

A lo largo de casi hora y media de espectáculo, con un amplio abanico de estilos flamencos con los que la bailaora y coreógrafa algecireña fue desgranando sus reconocidas cualidades, desde la contención a la emoción, el uso del mantón y las innovaciones basadas en la tradición.

«Lo que el baile flamenco transmite no es sólo tradición. Es una mirada única y personal que trasciende lo técnico. Es el resultado de todas las vivencias y aprendizajes en el camino. Bailaora, como los buenos vinos, se macera poco a poco en su propia existencia. El baile flamenco es un baile de poso, que no persigue el virtuosismo como fin, sino la satisfacción personal y el diálogo interior. Es en suma el camino vital que he elegido para encontrar las respuestas, si es que las hay, al conflicto existencial. Bailar me hace sentir viva, me hace elevarme, me hace feliz, me mejora como ser humano y me moldea. Bailar me sanó y, sobre todo, me ha hecho encontrarme conmigo misma. Bailar es en mi vida sinónimo de plenitud, de equilibrio, de razón de ser”, asegura la artista algecireña.

La bailaora rinde homenaje a su madre, recientemente fallecida

Dividido el libreto en «cuatro pasajes vitales», la bailaora, vestida de blanco y descalza, da sus primeros pasos en escena mientras se oye su propia risa de recién nacida y unas alegrías que hablan de la novia del sol y que entona su madre en una grabación rescatada de una cinta cassette de hace 45 años. La impronta familiar también queda patente en la voz de Alejandro Sanz, declamando un texto autobiográfico que ella misma ha escrito:

“De la tierra nací yo,

en el mar me bautizaron

y latió mi corazón

como un potro desbocado.

Mi madre me canta nanas,

mi padre labra la tierra

y en mi cuna suenan coplas

de pan de vida y de siembra.

Luna que vienes a mí,

Sol que de día me ciegas,

mar que vigilas mis sueños

camino de las estrellas.

Tengo en el pecho una rosa,

una plegaria en las trenzas,

en la cintura un amor

y en el alma una promesa”

También desde una grabación bailaora se apresta a cantar una nana que ella misma baila, hasta que El Tarasco resuelve con unos fandangos de Huelva, mientras su figura va naciendo de entre la red de un copo. Ya calzada, baila luego con un pericón guajiras y caracoles, en homenaje al cuadro Soleá, que crease en su día el malogrado Andrés Rodríguez, uno de sus maestros junto a Pepe Heredia o Mariquilla. Esa primera escena cerró con una soleá lenta, ejecutada por los cantaores y defendida por ella.

Mónika Bellido cambió de vestuario en cada pase

El siguiente acto lleva el título de «Despertar e ilusiones», la toma de conciencia como artista a la que pone voz Pepe de Lucía sobre otro texto de Mónika:

“De mi cadera a tus ojos,

hay un eterno camino,

me miras, te miro y siento

que en tu pecho late el mío.

Fuego tengo en la mirada,

susurra mi corazón:

ya nadie podrá frenar

el volcán de nuestro amor.

Nada tengo más que tú,

nada tienes más que yo.

Eres mi casa, mi hogar,

eres mi luz, yo tu Sol”.

El baile se hace entonces más intenso, primero por una bulería por soleá, en la que El Lías dejó un excelente sabor de boca, en un dechado de energía que mantuvo durante toda la noche. El Tarasco se empleó luego a fondo con granaína y media granaína –titulada Jardines de Garnata, por el nombre árabe de Granada, la ciudad donde continuó su formación tanto en la Facultad de Filología como en el baile-. De inmediato, a un taranto como homenaje a Enrique Morente, para acabar por tangos, en un cuidado paso a dos con El Lías.

De cuero, en memoria de su devoción por el heavy metal, se ciñó una bata con el color de la lucha contra el cáncer

En la tercera parte, es Pedro Delgado quien asume la lectura que resume dicho apartado, un poema del silencio que habla del lado más amargo de la vida:

“Tiene la vida un soplo de amargura

cuando el tiempo desnuda y te destapa

el abismo a los pies y, entonces sabes,

que nada hay más preciado que la vida.

Desvelaste el misterio de las horas,

del tiempo que no para y que no vuelve,

del adiós, del balcón, de los abrazos,

de las hojas que caen y los hijos que crecen.

Yo te miré a los ojos y en mis miedos

encontré los remedios a tu angustia.

Bailaba con la muerte y rechacé su abrazo

y dejaste pasar el justo día.

Ella estaba a mi lado

 y la perdí por siempre.

Hoy vengo aquí con mis

 zapatos viejos y gastados

a curar mis heridas poco a poco,

a aliviarme del alma en mis espejos,

a sanarme en suspiros de tu ausencia.

Te busco y no te hallo,

mas te siento”.

Los textos de Mónika Bellido fueron escritos a comienzos de 2020, muy marcados por la muerte de la madre en 2018. Tras un solo estrictamente percusivo, ahora, es la toná que suena en la voz de Luis de Mateo, la que precede a un martinete de saeta entonado por Tarasco. El número, en la que luce una indumentaria de cuero en recuerdo de su devoción por el heavy metal, concluye en un poderoso zapateado, donde ella baila rodeada por el semicírculo creado por el resto del elenco, que hace sonar sus bastones como elemento percusivo. Ahí, la artista apunta sus dotes más dramáticas y se ciñe una bata rosa, el color de la lucha contra el cáncer. Una experiencia que le golpeó de cerca.

La bailaora algecireña demostró sus dotes para el uso coreográfico del mantón

La puesta en escena concluye con un epígrafe al que ha titulado «Plenitud» y que define otro texto leído en off, como en los anteriores casos, por la cantaora onubense Argentina que cantiñeó los últimos versos:

Cuando escucho murmurar

las olas de la bahía

mis alas alzan el vuelo

bailando por alegrías.

En el alma una esperanza,

que perfuma mis andares,

en los labios una copla,

cantando versos de nadie.

Soy mar, soy roca y arena.

Soy árbol, pájaro y aire.

Soy los susurros del vientos,

soy la fuerza de la sangre.

Alma que habitas en mí,

desde el principio del tiempo,

desnudo mi corazón

cuando te bailo y te siento.

Dueña eres de mi ser,

dueña eres de mi cuerpo,

alma que habitas en mí

desde el principio del tiempo…”  

Ahí suena y danza plenamente Cádiz, por cantiñas, alegrías y bulerías. Bajo una luz cenital, la música se aleja para dejar en primer plano el tictac del corazón y una nueva voz que lee el último poema escrito para la ocasión por Mónika Bellido y que ella baila al son de las palabras, tras entonar las primeras estrofas de «Érase una mariposa blanca», de Lole y Manuel:

“¡Bailaora!

Sigue tu senda de luz

que nadie robe tus sueños

que en tu cuerpo vive el Sol,

las estrellas y los cielos.

Nunca dejes de bailar,

que tu cintura y tu pecho

cantan con tu corazón

hasta el final de los tiempos.

¡Bailaora!, sangre, son,

alma, coraje y talento,

vida, muerte, amor, pasión,

tierra y coraje por dentro.

¡Bailaora!, en ti vivo,

¡bailaora!, en ti muero”

Con el público en pie, el alcalde, José Ignacio Landaluce, la elogió en voz alta desde la primera fila de butacas. En los agradecimientos, figuran otros nombres, los de Antonio Martín Riego, el promotor José Luis Lara, la concejal de cultura y teniente de alcalde, Pilar Pintor, el personal del teatro florida y de la delegación de cultura. Y a su familia.

Con la colaboración de Emell Eventos, el Ayuntamiento de Algeciras, su propia Escuela de Arte Flamenco, Sant Productions o Flamencas María Ramírez, que aportó parte del vestuario junto con Sánchez y Flamencopasión. Ramón Sánchez –el hijo de Ramón de Algeciras– realizó el video promocional de la gala, que contó con la sonorización de Concersound. La fotografía de Antonio Martín Riego, la grabación videográfica de Gibraldrone y OB Diseño y Comunicación completan los créditos de esta propuesta tan personal e intimista como abierta a los espectadores que puedan hacer suya su intención inicial y su feliz resultado.

Fotografías: Juan José Téllez

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