Marruecos presiona a España por el Sáhara Occidental

La hospitalización en Logroño del líder polisario Brahim Ghali sirve a Rabat como coartada para tensar la cuerda en sus relaciones con nuestro país

La hospitalización en Marruecos del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, víctima de Covid-19 ha servido para que el Gobierno marroquí presione al de España hasta el punto de que Naser Burita, ministro de Exteriores del reino alahuita, se pregunte, en una entrevista concedida a la agencia Efe, si España «desea sacrificar su relación bilateral» por el caso de Brahim Ghali, y sigue esperando «una respuesta satisfactoria y convincente» sobre ese asunto por parte del Gobierno español.

En realidad, Marruecos consolida sus posiciones diplomáticas sobre la antigua provincia española a la que nuestro país abandonó a su suerte en 1975, mientras Francisco Franco agonizaba aunque el dictador ya había sancionado el Acuerdo Tripartito de Madrid, que fijaba que, tras el fin del periodo de colonización española, el reparto de dicho territorio entre Marruecos y Mauritania. Sólo que en 1973 ya había sido fundado el Frente Polisario que aglutinó a una población dispuesta a ir a la guerra, lo que terminó ocurriendo, no sin el apoyo de Argelia, que les había acogido en la zona de Tinduf, en plena hamada. El fin de las hostilidades vino propiciado por el mandato de Naciones Unidas de auspiciar un referéndum de autodeterminación que habría de convocarse en 1992 y que nunca llegó a celebrarse, hasta la fecha.

En la actualidad, Marruecos ha recibido dos apoyos formidables en este aspecto, el de Israel, Estado al que reconoció Rabat, pese a sus reticencias anteriores y que ahora se vislumbra como nuevo socio marroquí; o Estados Unidos: Trump reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara, que también reclama la República Árabe Saharaui Democrática. Joe Biden, el nuevo presidente electo, ratificó sorpresivamente la decisión de su predecesor y el Reino Unido ha amagado en diversos asuntos con una nueva línea diplomática respecto a sus relaciones económica y política con Marruecos. En este clima, a nadie se le escapa que si España diera su brazo a torcer en cuanto a las líneas rojas de esta cuestión, Ceuta y Melilla comenzarían a realizar conjeturas en nada precipitadas.

En la controvertida entrevista de la agencia Efe, el ministro marroquí insistió que su país aún no ha recibido de Madrid respuestas a una serie de preguntas sobre la hospitalización del líder saharaui que la ministra española de Exteriores justificó «por razones humanitarias».

«¿Por qué las autoridades españolas consideraron que no había que informar a Marruecos (de la llegada de Ghali a España)?, ¿por qué prefirieron coordinar con los adversarios de Marruecos (en alusión a Argelia)?, ¿es normal que nos hayamos enterado por la prensa?», insistió Burita en sus declaraciones a la agencia pública española.

En sus declaraciones al periodista de Efe, Javier Otazu, el ministro marroquí considera que este episodio «es un test sobre la fiabilidad de nuestra relación y su sinceridad, y sobre si son algo más que un eslogan», y lo comparó con el trato que Rabat ha dado en el pasado a los líderes independentistas catalanes al que, según asegura, Rabat no dio cobijo nunca. Las comparaciones entre el Sáhara y Cataluña, en rigor, no proceden, dado que Cataluña no se encuentra sometida a un proceso de descolonización como el que vive el pueblo saharaui desde hace más de cuarenta años.

«Cuando España se enfrentaba al separatismo (catalán), Marruecos fue muy claro, y al más alto nivel: rechazando todo contacto e interacción con ellos e informando a nuestros socios (españoles). Cuando (los catalanes) nos pedían que los recibiéramos en el ministerio, exigíamos que alguien de la Embajada de España estuviera presente», dijo, mostrando vivamente su enojo: «Con los socios, no se maniobra por la espalda para una cuestión (el Sahara) que es fundamental para Marruecos», subrayó.

Preguntado sobre si este incidente puede afectar a la celebración de la Reunión de Alto Nivel entre los dos gobiernos, prevista en diciembre y pospuesta ahora sine die, Burita se limitó a recordar lo que su gobierno pide de España: «Claridad, primero hay que clarificar las cosas». En efecto, aquel primer encuentro no llegó a celebrarse y la cumbre quedó en suspenso, tras el reinicio de hostilidades bélicas entre el ejército saharaui y el marroquí a la altura de Mauritania. También la controvertida presencia del entonces vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, también hicieron saltar las alarmas marroquíes.

Con la excusa del impacto de la pandemia, se barajó con que la cumbre se trasladaba a febrero pero, a la postre, ese mes, tan sólo tuvo lugar una conversación telemática entre Burita y Arancha González-Laya. Ambos pregonaron entonces «la excelencia de las relaciones» que unen a los dos países. ¿De que hablaron? Oficialmente de la pandemia, de la cumbre, pero también de «otros temas de interés común en el Magreb, el Sahel y la zona euromediterráne

Acusaciones contra Ghali

Burita, en sus declaraciones a Efe, insistió en descalificar a Ghali, en el curso de una campaña en que se le señala como torturador, violador y otras lindenzas. A juicio del ministro marroquí, en esas declaraciones, el «caso Ghali» refleja «la doble cara del Polisario: mientras que sus dirigentes tienen derecho a un avión particular y a una nueva identidad (con la que supuestamente se hospitalizó en Logroño), su población secuestrada en Tinduf no tiene ni mascarillas ni gel hidroalcohólico, mientras son devorados por el covid en la indiferencia más total».

Para el ministro, España está cerrando los ojos ante las «atrocidades» de Ghali: «es un violador que toleró la esclavitud, la tortura, los crímenes de guerra, los niños soldados y el genocidio, y España lo sabe antes que nadie. ¿Desea sacrificar su relación con Marruecos por esta persona?», subrayó.

Se refirió también a las denuncias presentadas contra Ghali por la Asociación Saharaui de Defensa de Derechos Humanos y por la Asociación Canaria de Víctimas del Terrorismo: «¿Dónde está la justicia española en todo esto?, ¿ningún juez ha creído necesario actuar ante estas demandas?», se preguntó.

Y con respecto a la responsabilidad histórica que España tiene en el Sáhara como antigua potencia colonial, lo consideró «un pretexto que ya no se sostiene», argumentando que España también colonizó territorios como Sidi Ifni o el protectorado español en el norte de Marruecos y ahí actúa «con normalidad».

«No podemos quedarnos prisioneros del pasado español», insistió.

Una relación no debe ser «a la carta»

Burita, en esa amplia entrevista concedida a Efe, reconoció que con España, Marruecos tiene «un partenariado global: político, económico, comercial, humano y policial», y ahí entra la cuestión migratoria, pero no cabe pensar que es «una relación a la carta: cuando se trata (para España) de maquinar con Argelia y el Polisario, Marruecos sale de la pantalla del radar de España, pero cuando hablamos de emigración o del terrorismo, volvemos a ser importantes».

Recalcó una vez más, citamos textualmente, que su país se niega a ser «el gendarme» de la Unión Europea en cuestión migratoria: «La emigración necesita un tratamiento global, no solo financiero: debemos ser asociados a la visión, a la formulación de estrategias, y no solo a su puesta en marcha a cambio de una cantidad de dinero», recordó.

El ministro lamentó que los temas migratorios dependan en Europa de cuestiones políticas: «los sondeos políticos, las presiones y los plazos electorales llevan a los europeos a consideraciones cortoplacistas», comentó, antes de pedir «no diabolizar el fenómeno migratorio». Lo que no quita para que, en medios diplomáticos comunitarios, se entienda que Marruecos abre y cierra el grifo de la inmigración clandestina hacia nuestro país, a su conveniencia y, en este caso, para presionar a España en esa misma linea.

La hospitalización del presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y Secretario General del Frente Polisario, Brahim Ghali, trascendió a la opinión pública marroquí el pasado 22 de abril, cuando el digital Le 360 y la revista Jeune Afrique, publicaron que el presidente de la República Saharaui y líder del Frente Polisario estaba hospitalizado en España tras contraer la COVID-19. Además, aseguraban que habría llegado al estado español en un avión medicalizado desde Argelia. Un día después el delegado del Frente Polisario en España, Abdulah Arabi, confirmó que Ghali se encontraba en el país y su salud era estable, al contrario a lo que habían difundido los medios que filtraron la noticia.

Por su parte, el Gobierno de Pedro Sánchez justificó su decisión remarcando que se ha aceptado el traslado por «razones humanitarias», en lo que ha abundado la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, aseguró que esta cuestión «ni impide, ni perturba» las relaciones entre ambos países, recalcando que Marruecos no es solo un «vecino y amigo, sino también un socio privilegiado.» Unas afirmaciones que han parecido insuficientes a las autoridades marroquíes, que piden explicaciones al ejecutivo español.
En este sentido, el periódico Ecosaharaui considera, en cambio que «Marruecos sigue sobredimensionando negativamente el gesto humanitario de España con Ghali, mostrando un enojo artificial en línea con su actitud ante España desde que inició la guerra. También es usado como »cortina de humo» ya que en estos últimos días, el Secretario de Estado de EE.UU, Anthony Blinken, reprendió a Marruecos por sus violaciones de derechos humanos y la falta de libertades individuales en el país. No solo eso, sino que EE.UU reconoció hoy que está en contacto con las partes en conflicto para detener las hostilidades armadas. En la misma línea, los relatores de la ONU avisaron a Marruecos por la represión violenta que comete en los territorios ocupados del Sáhara Occidental». 

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