Los tiempos que se conjugan en libros

Albert Torés disecciona en este artículo el último libro del escritor sanroqueño José Reyes Fernández


José Reyes Fernández, Tratado contra los libros, Ed. Imágica, Madrid, 2020.
Albert Torés


Sin duda, José Reyes Fernández es uno de nuestros grandes narradores. Una obra incontestable lo atestigua y, aunque en buena lógica, no ha renunciado a lo que él mismo entiende como “literatura de competición”, con numerosos premios y reconocimientos que a lo sumo formarían parte del capítulo de agradecimientos, los parámetros de calidad para lo que entendemos por literatura siempre figuran como prioridad en la obra de José Reyes. Una frase elegante, un léxico de extraordinaria riqueza y una inventiva fuera de todo cuestionamiento han sido los ejes vertebradores de su escritura, en palabras de un maestro también sanroqueño y absolutamente indispensable como Francisco Muñoz Guerrero “José Reyes Fernández es un escritor capaz de hacer hablar al silencio, tal es la fuerza expresiva de su estilo”.

Hoy de la mano de Imágica Ediciones, el escritor de la desaparecida ciudad romana de Carteia nos propone un libro tan original como magistral, con una serie de relatos que se van estructurando a través de su indiscutible protagonista: El libro. Aquí además bajo una forma de relatos capitulados en tres partes, nos ofrece formalmente una novela de corte realmente novedoso. Bajo esa forma de tratado que parece escribirse contra los libros, descubrimos el auténtico amor que el escritor siente por el libro.

La Garrison Library de Gibraltar es un buen ejemplo de amor hacia el libro

Ciertamente, si alguna ley nos define con absoluta certeza, ésa sería la de la contradicción. Por ello, acude el mito universal y la anécdota cotidiana, la historia en toda su dimensión y los derechos más elementales, la ironía más sublime que hace pareja con el protagonista libro. A mi modo de ver, Tratado contra los libros es un volumen necesario y oportuno en tiempo y forma. Constituye el paradigma de ejemplificación de la calidad narrativa y es a su vez una aplicación práctica de los enunciados del Humanismo solidario. Con un estilo armónico, una abundancia léxica interdisciplinar y grandes dosis emocionales, esta última entrega es además un conjugar los tiempos en mitos, hipótesis y distopías, de nuevo una tríada que no podemos referenciar sin olvidar la secuencia lacaniana de lo real, lo imaginario y lo simbólico, marcando un eje de peligrosidad en todo lo concerniente al libro para precisamente desde la más lúcida paradoja empujarnos hacia la reflexión y la esperanza, acaso apasionada defensa del libro que cumple la función de protagonista y la de sus circunstancias. En ningún otro libro de nuestro escritor puede percibirse con tanta nitidez la estrecha relación entre la escritura y la vida, una relación declarada por el propio Emil Cioran que encabeza las citas del volumen que nos ocupa.

La humanización del libro que sufre torturas, que es lanzado a la hoguera, que es ahogado articula de entrada la cadena argumentativa, pues se afirma para negar y se niega para afirmar creando el espacio del conflicto y a la vez el tiempo para su resolución. Por ello, la paradoja y la ironía deben reseñarse como pilares articuladores. El diálogo sencillamente excepcional entre el sargento de la guardia civil y el pescador Próculo, solo transcribo un muy breve fragmento que nos ubicará con precisión.

-Son libros, mi sargento -completó él adoptando la posición de firmes que nadie le había ordenado.

-Eso ya lo sé, idiota. Pero ¿de dónde los sacó?

-De la mar mi sargento, los pescamos el otro día con el roa, mi sargento

-¿Quiere decirme que el mar en vez de criar peces ahora cría libros?

-No , señor. Sí, señor, mi sargento -balbució confundido Próculo.

Otro aspecto de la biblioteca de la guarnición gibraltareña

Por si fuera poco, la venta de libros se considera delito de contrabando. Pero hay que sumar todavía el intercambio de telegramas entre el sargento y el gobernador. “El mar está criando libros”. “Los libros vuelan” y una serie de situaciones que pese a diseñar un fiel reflejo de la realidad nos arrancará la risa. El escritor maneja con impresionante el dato biográfico, la sociología histórica y desde luego la intertextualidad. Un capítulo como “Ministerio de Fomento del Consumo y de la Felicidad retrata un degradante retroceso social, donde la teoría heliocéntrica y la de la evolución, la ley de gravedad, etc, fueron considerados axiomas subversivos. La eliminación de todas las asignaturas en las facultades de Periodismo, excepción hecha de la titulación de cronistas deportivos. El decretazo que pone fin a la historia y a “los informativos de radio y televisión fueron sustituidos por reconfortantes shows de sobremesa”. Podría empeorar, por ejemplo un reality show cuyo premio final es la posibilidad de ejecutar un reo en directo. En ciertos momentos no he podido evitar leer el libro de Reyes recordando los grandes escritores ingleses como Sharpe o Woodehouse, es decir, basculando entre la fina sátira basada en el sobreentendido o malentendido y la farsa desbocada e inteligente. Un género que maneja a la perfección nuestro escritor.
Por otro lado, nos iremos aferrando al ámbito cultural y libresco para no hacer tabula rasa y crear descontextualizados parques temáticos. Desde luego, la palabra viene a definir al escritor. Recuérdese el ser-lenguaje-tiempo como referente hermenéutico. Cuando la palabra se transforma en referente de conciencia, en medio de transmisión del pensamiento, con independencia de la lectura o interpretación, se alcanzará este grado de obra de arte, que, a todas luces, crea un optimismo y una esperanza casi malgré nous.

En este eje de coordenadas espacio temporales, que abordan las cuestiones de la Conferencia Episcopal o rinde homenaje a los maestros y maestras de la República, una característica de gran poderío y significado es la inclusión de numerosas referencias a personajes histórico-artísticos, principalmente del ámbito de la literatura, que incluso llegan a participar como personajes en Tratado contra los libros.

Cierta transversalidad lectora, la relación de libros, ediciones conforman una medida metaliteraria que requiere una escritura de gran fuerza y precisión, advirtiendo la necesidad del pensamiento riguroso y hondo, consciente para determinar las condiciones de vida.

No es el objetivo hacer un inventario de menciones ni tampoco resaltar una suerte de museo literario, pero sí sentir y por tanto emocionarnos con ese listado de libros que viven y reviven. Inicialmente con la filosofía y el pensamiento, El espirítu de las leyes de Montesquieu, luego Fourier, Owen, Proudhon, Bakunin, Rousseau, Voltaire. Tolstói y Dostoyevski, la melancolía y la furia para quien está dispuesto a morir antes que estar sin libros. La metamorfosis de Kafka, Un mundo feliz de Aldous Huxley, La conciencia de Zeno de Italo Calvino, La montaña mágica de Thomas Mann pero también la música de Charlie Parker, las dilucidaciones de Borges, las viñetas de Forges o la impactante poesía romántica de Heinrich Heine, la pulcritud de Lázaro Carreter en El dardo en la palabra o los susurros anónimos que nos despiertan: “Quienes aman ardientemente los libros constituyen, sin saberlo, una sociedad secreta”.

Fotografías de la Garrison Library de Gibraltar: José Luis Tirado

Más sobre el articulista, una aproximación a su poesía, en francés: https://youtu.be/Xelf-J2t1KI

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