Las venas largas

Juan José Téllez, en su artículo de hoy, apuesta por reconstruir la confianza en la izquierda a través de una trasfusión de ideas y un trasplante de utopías

via eldiario.es

Ante los resultados electorales de Andalucía, a la izquierda –en cuya amalgama plural viajo–, nos quedan dos opciones: o nos cortamos las venas, o nos las dejamos largas. Mejor, lo segundo: tiempo vamos a tener. En los cuatro años venideros, lo mismo les da por resucitar, a los unos, y por hacer las paces, a los otros. No hay mejor orfidal contra la ansiedad y la represión que congeniar el escaño con la calle, las redes sociales, esos lugares donde la ciudad y la comunidad autónoma pierden su nombre, donde la propaganda oficial no confunde la realidad con el deseo, donde aún quedan sueños en las parvas y solo hace falta cosecharlos.

Los aparatos, los veo venir, entrarán en pánico, se comprarán un silicio por Amazon e intentarán salvar los muebles, repartirse las migajas y declararán yo no he hecho con cara de yo no fuí. Pero fueron. Pero fuimos. Ellos y nosotros, los orgánicos y los simpatizantes, la militancia y el sindicalismo, las oenegés y la crema de la intelectualidad, que diría la vieja tonadilla. El irresistible ascenso del PP, si les digo mi verdad, no obedece tanto a sus méritos como a la incomparecencia del contrario.

Los resultados del PSOE me recuerdan al K.O. de Mike Tyson de 2004, salvadas las distancias con otros aspectos de su turbia biografía. El ex campeón mundial de los pesos pesados se desplomó en el cuarto asalto de los diez previstos, ante un boxeador, Danny Williams, más lacio que Juanma. ¿Qué ocurrió? Que Iron Mike estaba tieso de jurdó y que llevaba diecisiete meses sin darle un palo al agua. Los socialistas entraron en shock cuando, en los anteriores comicios autonómicos, se quedaron como quien va a Juan y Medio y no saca novia. Les costó tanto resetear que cuando Juan Espadas comenzó a cantar Begin the begine, habían modificado el sistema operativo: la clientela se había mudado de negocio y ya no servía gritar que viene el lobo porque el lobo voxiferante ladraba mucho en los fakes y mordía poco en el Boja, quizá porque amortiguaba la caspa Ciudadanos, ahora desaparecido en combate desde que Arrimadas se arrimó al centroizquierda y dejó la rivera del facherío.

Ay de la izquierda vida de Brian, la que solo se junta en el paredón, la que discute hasta por los puntos y comas, la que se diferencia en todo y se parece en las siglas, a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, en, entre, hasta, hacia, para, por, según, sin, so, sobre, tras Andalucía. La de quienes creen, vivan las paradojas, que no hay que ir juntos a la Junta.

Quizá nos creímos tanto el tópico que pensábamos que Andalucía era de izquierdas, que no dimos en pensar que, sencillamente, era y es del sol que más calienta, siempre que salga por Antequera. Era y es –su historia manda—del Virgencita mía, que me quede como estoy, o sea –viva Góngora—del ande yo caliente y ríase la gente. El pueblo no es sabio, pero tampoco es idiota: el pueblo es el pueblo, con su pan nuestro de cada día, con sus pocos libros y sus telenovelas turcas, con sus cuotas de la cofradía o de la chirigota, con su congoja por el Euribor y el combustible, subiendo más que la abstención.

Dentro de un año, tocarán municipales y generales. ¿Habrá tiempo, acaso, para retocar los brochazos con pinceladas finas? Mientras a Moreno Bonilla le justifican porque no pudo hacer nada por la pandemia, a Pedro Sánchez lo crucifican por haberlo intentado todo. Que logra que la Unión Europea acepte la excepción ibérica: es un sicópata. Que los rojos sacan adelante la reforma laboral, baja el paro, suben el salario mínimo interprofesional, crean el ingreso mínimo vital: son bolivarianos y comunistas. Que en Andalucía crece la educación y la sanidad privada a costa de la pública, están creando riqueza.

Que se abran, más temprano que tarde, las venas de Andalucía, para que vuelvan a circular por ellas los sueños libres. Que haya una trasfusión de ideas, un trasplante de utopías, unas simples gotitas de pasión para que las emociones hagan resucitar los votos, aunque sea al tercer día, al tercer año, a la tercera, que será la vencida. Eso espero. Absolutamente.

Juan José Téllez, escritor y periodista
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on pinterest
Pinterest

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

5 × 4 =