La vida, a portagayola

Paloma Fernández Gomá, en su nuevo artículo, reflexiona sobre cómo el léxico taurino impregna nuestra vida cotidiana

Ver los toros desde la barrera.

Coger al toro por lo cuernos.

Echar un capote.

Cambiar de tercio.

Son expresiones que usamos a diario en nuestro lenguaje, sin darnos cuenta salen de nuestros labios sin pararnos a pensar cual es su origen y por qué están tan integradas en nuestra forma de comunicarnos. Todas estas expresiones tienen un origen taurino, y quizá las usemos con tanta naturalidad porque el mundo de los toros ha formado parte de nuestra vida de forma muy directa.

Los toreros eran los héroes de otro tiempo, así como un actor de Hollywood, todo un personaje que iba en calesa a la plaza de toros o en un «cochazo» como en el caso de El Cordobés o el ya fallecido Palomo Linares. Además el mundo del toro estuvo siempre muy unido a la copla o a la canción española. Recordemos la boda de Paquirri con Isabel Pantoja en coche de caballos, el pasodoble de nuestra gran Rocío Jurado al torero y cónyuge Ortega Cano; son algunos de los ejemplos que se me vienen a la mente en estos momentos, pero créanme, hay muchos más.

Ante estos acontecimientos el pueblo siempre ha reaccionado de forma ostensible, aplaudiendo, imitando, cantando, saliendo a la calle, vitoreando o dando unos capotazos en los juegos infantiles de los años sesenta. El pueblo vibró, se enamoró y bailó pasodobles toreros en verbenas y fiestas populares. Era su yo, su sentimiento, el que se paseaba entre las notas de una copla en tablaos y ventas o mucho después en la radio; luego en las televisiones y después a través del móvil, teléfono que no sólo sirve para hablar, sino que también hace la función de recuerdo añejo con visos de última innovación, que acerca el pasado al presente y nos trae esa raíz que permanece en el anonimato, para revivir la nostalgia de un tatuaje en la bajos fondos del puerto de Marsella o el brillo de unos ojos verdes en el quicio de la mancebía.

El toro de Osborne aún permanece con su silueta de  monte dormido en el horizonte para recordarnos que muchas veces en la vida debemos de «dar un pase torero» para salir adelante  y seguir navegando por internet o para llegar a fin de mes. Mientras tanto «los toros desde la barrera» se ven muy bien, pero otro caso es bajarse al ruedo y pagar el recibo de la luz, hacer la compra, pagar la gasolina del coche o la bombona de butano.

La vida te enseña a «coger el toro por los cuernos» y hacer un menú barato y nutritivo con lo que haya, sacar tiempo de donde no lo hay y presentarte en público con una buena imagen. Al fin y al cabo siempre hay quien te » echa un capote» si le pones perejil a San Pancracio.

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