La Union Jack celebra en Gibraltar el cumpleaños de Isabel II

La Reina de Inglaterra visitó el Peñón sólo una vez, en 1954, y su viaje desató una larga crisis diplomática con España

Hoy, sábado 6 de febrero, es el 69º aniversario de la subida al trono de Su Majestad la Reina Isabel II de Inglaterra. Para conmemorar la ocasión, la bandera del Reino Unido, la Union Flag, viene ondeando desde el amanecer en el Castillo Moro (Moorish Castle).

La Union Jack –como se le conoce popularmente– se ha izado a las 09:00 horas del sábado y permanecerá sobre el mástil hasta las 9:00 horas de la mañana del domingo. La devoción por la Reina de Inglaterra se encuentra muy extendida en el Peñón, ya que simboliza la larga relación de Gibraltar con su metrópolis. Sin embargo, tan sólo viajó al Peñón en una ocasión, el 10 de mayo de 1954, desencadenando una larga crisis diplomática entre el Reino Unido y España.

A primera hora de la mañana de aquel día, la Reina de Inglaterra desembarcó en el Arsenal, el puerto y astillero de la base militar, desde la cubierta del yate real HMY Britannia. Se encontraba acompañada por Felipe, duque de Edimburgo, y sus hijos Carlos y Ana. Y es que, tras su coronación, había iniciado una gira por los territorios que aún administraba el Imperio británico y que le llevaría a Bermudas, Jamaica, Panamá, Tonga, Fiyi, Nueva Zelanda, Australia, Islas Cocos, Sri Lanka (entonces Ceilán), Adén (Yemen es su nombre en la actualidad), Uganda, Tobruk (la actual Libia) y Malta.

Tras la bienvenida del gobernador militar de la plaza, sir Gordon MacMillan, Isabel II recibió las llaves de la ciudad mientras sonaban los acordes del himno real. Acto seguido, en un descapotable Humber, la Reina inauguró la carretera de Queensway, rebautizada para la ocasión. Fue allí donde fue saludada por Joshua Hassan, presidente del Consejo Municipal, en cuya sede los ilustres visitantes fueron recibidos posteriormente. Durante el almuerzo que siguió a dicha recepción, Hassan le entregaría un cuadro del Peñón, realizado por el pintor gibraltareño Gustavo Bacarisas.

También visitaron los jardines de la Alameda, donde ella y su marido plantaron sendos árboles, antes de asistir a una ceremonia protagonizada por los niños en el Victoria Stadium, donde entregó la Copa de Fútbol que llevaba su nombre al capitán del Britannia, que la había ganado el día anterior. Tras una impresionante revista militar, en la que participaron 3.000 soldados pertenecientes a los catorce cuerpos militares de la guarnición, se desplazaron a la zona de los túneles, a las excavaciones arqueológicas de la cueva de Gorham y la zona de los babuinos: desde uno de sus miradores, donde existe una placa conmemorativa, contempló la Bahía. También tomaron el te: eso sí, con casi 400 personas del Yatch Club.

El cronista sanroqueño, el escritor Antonio Pérez Girón, refiere en su sección de «Noticias de Gibraltar», la tormenta política que desató dicha visita, justo en el momento en que la España de Franco había firmado el concordato con la Santa Sede, el convenio de Defensa con Estados Unidos que trajo las bases americanas a territorio español y acababa de ser admitida en Naciones Unidas.

«En enero de ese año, el embajador de España en Londres, Miguel Primo de Rivera expuso al ministro de Exteriores británico Anthony Eden, el disgusto por la visita, señalando que se trataba de una «imprudencia» por parte del Gobierno de Reino Unido. Aunque se acordó tras la entrevista que no se daría publicidad a la misma, la prensa británica publicó la noticia. A raíz de ello, la Oficina de Información Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores hizo público un comunicado aludiendo a la cuestión».

En cuanto al consulado, Pérez Girón cita al periodista e investigador Luis Romero, en su obra El Consulado General de España en Gibraltar, en la que se refiere como «se plantea la posibilidad de que el titular Ángel de la Mora y sus ayudantes se hallaran ausentes en el recibimiento, y que la bandera española no se izara ese día en la sede consular. No obstante, fue desaconsejada por el propio diplomático, pues ello podría ser interpretado como un desaire a la soberana. No así, si el edificio se encontrara clausurado antes de la real visita. La propuesta del cierre fue iniciativa del cónsul y Franco la aceptó».

Ya había habido manifestaciones falangistas al grito de «Gibraltar, español», en Madrid y otras capitales, en tanto que a partir de ahí, la dictadura inicia una ofensiva en la ONU para hacer valer sus posiciones en el contencioso sobre la soberanía de Gibraltar.

Al día siguiente, el yate zarpó e Isabel II envió un mensaje de despedida al gobernador británico, en el que le instaba a «comunicar a todos cuantos viven en la Fortaleza y Colonia de Gibraltar el caluroso y sincero agradecimiento de mi esposo y mío por la maravillosa bienvenida que siempre recordaremos».

En 2015, con motivo del 70 aniversario del final de la II Guerra Mundial, el Gobierno del Peñón solicitó una nueva visita de la Reina, que la Casa Real rechazó. A pesar de que Isabel II no volvió nunca a la Roca, su recuerdo sigue siendo indeleble en el Peñón, desde la barra del bar Curro Jiménez, cerca de Referendum House, donde el retrato de Isabel II compartió honores tras la barra junto con el de Camarón de la Isla, hasta el día en que el príncipe Eduardo de Inglaterra, hijo menor de la reina Isabel II y conde de Wessex, visitó Gibraltar y el Gobierno proyectó una imagen formidable de la Reina sobre la cara norte del Peñón, con la bandera del Reino Unido y la de Gibraltar, compartiendo pasado y futuro.

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