Juan Manuel Romero, maestro ceramista

"Los vasos de la Antigüedad están llenos de alma", asegura este especialista en cerámica clásica griega. Malgara García Díaz, a través de esta entrevista, desvela sus técnicas

Aunque parezca increíble, en San Roque reside uno de los grandes maestros ceramistas de la Antigüedad, un artista que, pese a vivir en la actualidad, con sus obras nos traslada en el tiempo a la mitad del primer milenio a.C., al periodo en el que las cerámicas griegas, las de figuras negras y las de figuras rojas, inundaron los territorios de ambas orillas del Mediterráneo con piezas deseadas y adquiridas por las élites locales, ya que eran verdaderas obras de arte. Desde su taller, montado prácticamente en su totalidad por él mismo con elementos e instrumentos que en muchos casos son de su propia invención, con una tenacidad sólo comparable a su amor por el arte y al enorme deseo de conocer -ingredientes que ha puesto en juego para realizar experimentos, pruebas, investigaciones, estudios, análisis, observaciones y ensayos científicos- nos ofrece, con la amabilidad que le caracteriza, su sabiduría. Y es que el gran conocimiento que tiene de materiales, técnicas y procesos le ha llevado a impartir cursos y talleres en universidades como las de Cádiz, Málaga y Sevilla, realizar demostraciones y dar charlas sobre la cerámica griega invitado por asociaciones como Salamandra, en Valencia o, más cerca del origen de sus piezas, en la vecina isla de Chipre.  A esto hay que añadirle diversas exposiciones con conferencias en el propio San Roque o la que tuvo al Museo Provincial de Cádiz como escenario. Todo esto, aparte de la extraordinaria calidad artística y exactitud con los modelos originales de las piezas que realiza, le ha convertido en un verdadero referente para el mundo de la arqueología clásica, en materia de cerámica.

Lo entrevistamos para saber algo más sobre su trabajo, en el que, además de otras técnicas y modelos cerámicos tanto antiguos como modernos, que también domina, se ha hecho un verdadero especialista en los grandes vasos de la Grecia Clásica. Nos interesa conocer su trayectoria en este ejercicio en el que se aúnan la pericia, la técnica, el conocimiento y el arte.

Cerámica realizada con la técnica de pit-firing

P.: ¿Cuándo empezaste a trabajar la cerámica?

R.: Yo siempre he pintado, desde que era muy joven, pero fue a raíz de que, por motivos laborales, hace unos 40 años, me trasladara a Buñol con la empresa, cuando mi curiosidad me llevó a contactar con el mundo de la cerámica. Allí había una escuela a la que empecé a asistir y también había alfares en los que me dejaban que practicase en el modelado a torno. Digamos que allí, en ese ambiente, aprendí la alfarería y sus técnicas básicas. Algo que yo siempre he hecho ha sido fijarme en cómo hacen las cosas los demás y añadir esos aprendizajes a mi propia experiencia.

Hay que aclarar que Juan Manuel nunca ha vivido de la cerámica, ya que sus trabajos en la metalurgia, las centrales nucleares y térmicas y, en general, en la gran industria, ha sido su modus vivendi y utilizaba la vocación ceramista como válvula de escape. Ahora, ya jubilado, es cuando puede dedicar más tiempo a su verdadera pasión.

P.: ¿Has aprendido de alguien? ¿Has tenido un maestro?

R.: He aprendido de muchas personas, de los cursos y las conferencias a los que he asistido, como por ejemplo los de técnicas de cocción, uno de los pilares sobre los que se asienta la cerámica. He ido a muchos lugares de España y he asistido a cursos con ceramistas de mucho prestigio, como Manuel Keller Soria que, además era ingeniero y propietario de una empresa de hornos en Madrid. Con él depuré mucho la técnica. Con éste repetí el curso porque, cuando llegué a mi taller me encontré con un montón de dudas y preguntas sin respuestas, así que volví a ir.

También con Yuta Winkler, una ceramista alemana especialista en la cerámica de los aborígenes australianos. Aprovechando que expuso en la feria CERCO, los organizadores del evento la invitaron a que impartiera un curso al que yo asistí.

Igualmente Ramón Fort, del que me considero compañero de aprendizaje. O Cesare Calandrini, un italiano con el que he compartido incógnitas y descubrimientos de la cerámica griega y la etrusca  y con el que hice amistad en un congreso en León, al que Calandrini fue a hacer una demostración. He estado en Sicilia, en Agrigento, invitado dentro del proyecto Keramos, de la mano de la arqueóloga Lourdes Girón, que hacía el doctorado sobre la cerámica romana de la bahía de Cádiz, ya que mi trabajo participa del mundo de la arqueología. En mi faceta con la pintura, cuando residía en Badajoz, di clases con Antonio Cañamero, un pintor extremeño muy reconocido.

Crátera con volutas de figuras rojas

Como se puede comprobar, «he tenido acceso a enseñanzas  muy diversas, provenientes de una gran variedad de personas», a lo que se puede añadir, de diferentes disciplinas científicas, técnicas y artísticas. No obstante, todos esos aprendizajes se hubiesen quedado sin contenido, si él no los hubiese probado y experimentado en persona y de esa puesta en práctica es de donde ha obtenido, muchas veces por ensayo-error, la mayor parte de sus informaciones y su preparación. Instrucción que, en sus palabras, aún no ha concluido, puesto que aún le quedan dudas para las que su inagotable espíritu de indagación aún tiene que buscar respuestas. «Nada sirve si tú no lo practicas», dice.

P.: ¿Por qué te interesaste por la cerámica de la antigua Grecia?

R.: En Valencia vi una exposición y me quedé maravillado y me dije a mí mismo, esto lo tengo yo que reproducir. Con anterioridad estaba copiando cerámica ibérica, porque en la zona levantina es muy abundante por la cantidad de yacimientos que hay. Con posterioridad hice unos cursos sobre sigillata, la cerámica romana, en los que perfeccioné el manejo de decantación de las arcillas, así que, cuando creí que tenía los conocimientos necesarios, me enfrenté al reto de la cerámica griega.

P.: ¿Cómo has accedido a las informaciones, las formas, las escenas, los modelos, etc. de las piezas?

R.: He leído mucho. Pero echo de menos publicaciones en español, la mayor parte de la bibliografía que utilizo está en inglés o en otros idiomas. En este sentido, mi amigo Calandrini me ha ayudado bastante, recomendándome bibliografía. Además, existe como una especie de pequeña comunidad de expertos que comparten sus experiencias y sus logros. Por otro lado, es curioso pero entre los artesanos y especialistas que estamos trabajando en este tema en profundidad, lejos de esconderse los hallazgos, se comparten, por lo que hay una comunicación constante.

P.: ¿Qué aspectos para la ejecución de estas piezas has tenido que investigar más a fondo?

R.: Uno de los mayores quebraderos de cabeza es la cocción y el otro la decantación de las arcillas. Junto a esto, la búsqueda de los materiales idóneos. La cerámica griega, en la que la arcilla utilizada  para el pintado de las piezas -que es uno de los procesos finales antes de la cocción reducida mediante la cual esas arcillas rojizas se trasforman en negras- es muy especial y es necesario escogerla muy bien. En este proceso, por tanto, es vital, por un lado el barro y por otro, lo que ocurra dentro del horno, en el que se tiene que alcanzar una atmósfera con insuficiencia de oxígeno, que es a lo que llamamos reducir. Cuando finaliza dicha cocción, la sensación de abrirlo, sin saber bien qué te vas a encontrar, tiene mucho de expectación, pero también de magia.

P.: ¿Cuál ha sido el mayor reto al que te has enfrentado?

R.: Ha habido varios: conseguir las calidades, los tonos. En otros proyectos en los que también he andado, por ejemplo, los reflejos metálicos propios de las cerámicas andalusíes, las cristalizaciones, etc. Cada técnica tiene su reto.

Gran Crátera de Volutas Rojas

P.: ¿De qué te sientes más orgulloso?

R.: Con los resultados de la cerámica griega. Hay muy poca gente que la trabaje. La cerámica contemporánea no está sujeta a normas y medidas y, por tanto el resultado es más abierto, mientras que conseguir  duplicar lo que los maestros griegos hacían significa seguir el proceso completo que a ellos les llevó a lograrlo. Son muchas variables: Las dimensiones, las proporciones, el encastre de los módulos, las arcillas, las cocciones, etc. Quiero encontrar ese camino que lleva al mismo sitio al que llegaron ellos en la Antigüedad. Me gusta pensar que soy autosuficiente y que podría hacer estas piezas sin una tecnología muy sofisticada que, desde luego no existía en la antigua Grecia.

P.: ¿Qué planes o proyectos tienes entre manos, o para un futuro próximo?

R.: De momento estoy volcado con esta cerámica porque creo que aún no conozco la totalidad del proceso y quiero seguir profundizando un poco más.  No obstante, no renuncio a seguir con otras técnicas que también me atraen. Por el momento, sigo mi instinto y hago lo que me apetece. Ahora no tengo prisa, voy más relajado que hace unos años cuando la actividad era frenética.

Sin descartar que la curiosidad le lleve a indagar por otras vías y a la búsqueda de nuevos desafíos, por el momento, enamorado de la pericia de los antiguos griegos, Juan Manuel Romero asegura que los vasos de la Antigüedad «están llenos de alma». Y él se encuentra felizmente atrapado entre la  calidez y la calidad de las texturas tan táctiles, tan de piel, de sus superficies. Prendido entre el canon, la proporción áurea y la euritmia  de unas piezas  que simbolizan la perfección. Enredado entre las escenas que se despliegan y se adaptan a sus formas y que narran hazañas y hechos de dioses y héroes, pero que, a un tiempo, nos enseñan tantos aspectos de la vida cotidiana de nuestros abuelos de hace 25 siglos. En definitiva, envuelto por el ideal de belleza clásico, ese modelo que sigue estando vigente  y que aún compartimos en nuestros días porque 2500 años es un simple parpadeo en la historia de la Humanidad y, afortunadamente, de alguna manera, nosotros seguimos siendo ellos.

Entrevista realizada el 4 de febrero de 2021

Fotos: Malgara García Díaz

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