Juan José Silva desglosó la memoria de Antonio de Algeciras

El abogado y flamencólogo evocó la figura del padre de los Lucía

Para Donn Pohren, Antonio Sánchez Pecino fue un visionario. Para otros, un superviviente que intentó que sus hijos –sobre todo, Ramón, Pepe y Paco– aprendieran el oficio de la guitarra para ganarse la vida y resultaron tres de los artistas flamencos cruciales de los últimos 60 años. Bajo esas premisas, el abogado y flamencólogo Juan José Silva pronunció ayer una conferencia en el Centro Documental José Luis Cano, de Algeciras.

El delegado municipal de Juventud, Francisco Javier Arango, asistió a su charla, bajo el título de “Don Antonio Sánchez Pecino, padre de la escuela algecireña de guitarra flamenca”, que puso en valor la influencia que tuvo su figura en la formación de los guitarristas algecireños desde los años 50 del pasado siglo.

El acto, organizado por la Asociación Memoria de Algeciras, con la colaboración del Ayuntamiento, contó con la presencia del periodista y documentalista Alejandro Domínguez Saucedo, quien recordó que Silva fue presentador y realizador del programa «La venta de los gatos», en colaboración con Juan José Téllez, para la pionera FM de Radio Algeciras de la Cadena Ser, en 1983. Asesor legal de Camarón de la Isla, Silva trabajó en el Ayuntamiento de La Línea de la Concepción y en la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar, al tiempo que ha impartido numerosas conferencias y publicado artículos sobre flamenco en «Almoraima», «Al-Yazirat», «La Línea Flamenca» y otras publicaciones.

Entre otros asistentes al acto se encontraban el ex alcalde de la ciudad, Juan Antonio Palacios, y miembros de la Corporación Municipal como Fernando Silva, hermano del conferenciante, el sindicalista Miguel Alberto Díaz, José Luis Vargas, de la Sociedad del Cante Grande de Algeciras y, entre otros, el empresario José Luis Lara.

Silva, consciente del carácter «difícil» de Antonio Sánchez Pecino, ya había glosado con anterioridad su figura, tanto en relación con sus hijos como con José Monje «Camarón de la Isla», quien se nutrío de su colección discográfica y de los conocimientos acumulados en las viejas reuniones donde reinaba la veneración hacia Niño Ricardo.

Como es sabido, Antonio Sánchez Pecino (Algeciras, 1908-Madrid, 1996), adoptaría el nombre artístico de “Antonio de Algeciras”. Según Pohren, ya de niño, el padre de Ramón de Algeciras, de Pepe y de Paco de Lucía había aprendido rudimentos de violín y de bandurria. Incluso se habla de que un tío suyo cantaba por “El Marrurro”, pero cuentan que fue un guitarrista llamado “El Titi” quien le enseñó a tocar la guitarra a Antonio Sánchez Pecino, quien también acompañaría a Antonio “El Chaqueta” y Antonio “El Flecha”. Pohren, que rememora su oficio de vendedor ambulante de telas, relata su presencia en juergas y reuniones flamencas, o en las veladas de un cabaret llamado “El Pasaje Andaluz”, en compañía de otros artistas como “Los Chaqueta” y “El Flecha”, Antonio Jarrita, “Brillantina” de Cádiz, Paco Laberinto o “Churrurú” de la Isla: “El pago acostumbrado por aquel entonces era un duro por cabeza, más el vino y las tapas, por lo que normalmente resultaba ser una noche entera de juerga. Esto puede parecer poco pero era el doble de lo que ganaba un jornalero del campo por largas horas de agotadora labor, y resultaba suficiente para vivir si tus gustos eran sencillos y no estabas cargado de hijos”.

“A mi padre le enseñó a tocar Jesús, un viejo ciego que había aquí en Algeciras. Aprendió a tocar después de casado –rememoraba Ramón de Algeciras–. Y Jesús, que terminó viviendo por el barrio de Los Pastores, le enseñó lo que era un fa y lo que era un re. Que ‘El Titi’ luego le pusiera una falseta, eso ya es otra cosa”.

Según Reyes Benítez, no estaba ciego del todo y su nombre completo era Jesús Mateo: “Componía una música preciosa. Conocía el violín, la guitarra, y es el que le enseñó a Antonio a conocer el diapasón, todos los tonos, todas las posturas y todos los relativos de todas las escalas. ‘El Titi’ acompañaba muy bien, pero no conocía del todo la guitarra. Era muy buena persona, pero Antonio tocaba mejor que ‘El Titi’ “.

Juan José Silva, junto con José Carlos Gómez, heredero de la escuela de la guitarra de Algeciras

Donn Pohren, en su biografía familiar, asegura que Antonio Sánchez Pecino empezó a tocar en las ferias de Algeciras y La Línea y que llegó a acompañar a la guitarra a primeras figuras como Manuel Torre y Aurelio Sellé: “El aprendizaje, entonces, se componía básicamente de imitación e instinto y el resultado dependía en gran parte de la musicalidad congénita de cada uno. Los guitarristas eran pocos, lo cual significaba que los cantaores cantaban mayormente sin acompañamiento y por lo tanto no tenían ni idea del compás de cada cante».

«Antonio Sánchez comenta que es sorprendente el número de cantaores famosos que incluso en años recientes cantaban, y cantan, fuera de compás. Cita a dos de los muy conocidos que ni siquiera sabían que la siguiriya, por ejemplo, tiene un compás determinado”.

También fue en las ferias donde Antonio Sánchez Pecino conoció a guitarristas de su época, como Niño Ricardo, Melchor de Marchena, Manolo de Huelva o Diego de El Gastor: “Podía haber sido un degenerado, con todo lo que ha vivido, y es la persona más puritana que conozco –confesaba María Sánchez, cuando aún vivía su padre y cuando aún vivía ella–. Lo que siempre tuvo claro es que no había que robar ni hacerle mal a nadie. Siempre decía que no había que hacerle a los demás lo que no quisieras que te hiciesen a ti. Eso es la religión, decía, no hay otra. Lo demás, es política. Mi padre me decía que todos los que son malos van a misa, que todas las putas arrepentidas al final se meten en la Iglesia”.

Tanto se entremezcló, entre las juergas y el chalaneo, con el mundo gitano, que llegaron a apodarle “El gitano rubio”, “Durante su infancia, Antonio –escribe Pohren– bebió de dos fuentes: la gitana y la paya a la vez, pues él relata que el racismo no existía. Los gitanos y los payos vivían en los mismos barrios y acudían a la misma escuela”.

“Uno es lo que es en su niñez –se reafirma Paco, en persona– y yo en mi niñez a todas horas estaba rodeado de flamencos. Mi padre se iba a buscar la vida por las noches, a las fiestas, y siempre amanecía en casa con flamencos. Mi hermano Pepe y mi hermana María, también desde chiquititos, han estado vinculados a este mundo. Vivíamos en La Bajadilla, un barrio muy gitano. Siempre había alguien en casa cantando o tocando. Por lo tanto, yo no puedo ser otra cosa que un guitarrista flamenco, aunque pretendiera ser otra cosa no podría”.

Paco se ha referido a esa época con frecuencia. Al escritor arcense José María Velázquez-Gaztelu, le describió con mayor precisión ese mismo ambiente: “Mis padres y mis hermanos tocaban la guitarra y tanto en casa como en el patio siempre había gente cantando. Yo me despertaba en las madrugadas y allí estaba Rafael ‘El Tuerto’, un gitano que cantaba maravillosamente bien; Joaquín ‘El Chaqueta’, y tantos otros. Por eso, cuando cogí por vez primera una guitarra, era para mí algo familiar; sólo tuve que aprender a poner los dedos. Fue todo muy fácil, muy natural, como el niño que da los primeros pasos o pronuncia las primeras palabras”.

Antonio Sánchez Pecino y Lucía Gomes, junto a sus hijos Pepe –con sombrero–, Paco y Ramón

Si de día regentaba un puesto de verduras en el mercado, por la noche se ganaba la vida tocando en salas de fiestas. Allí se dio cuenta que sobraban cantaores y faltaban guitarristas, por lo que inició pronto la formación profesional de sus hijos en torno a ese delicado y terrible instrumento. Pero también por ello nunca quiso que su estirpe volviera a frecuentar tales rumbos ni actuar en los tablaos: Paco de Lucía sigue recordando con pavor la noche que lo vio regresar llorando a casa porque un señorito le había roto la guitarra de una patada.

“Algunas veces creo que si yo no hubiera nacido en casa de mi padre, no hubiera sido nada, un don nadie, un trasto viejo –le confió Paco de Lucía a Paco Sevilla–. Yo no creo en los genios escondidos. El artista es bueno incluso si está debajo de una piedra y no tiene reconocimiento. Pero el talento y la capacidad artística que uno tenga no son suficientes. Uno debe continuar batallando, como el primer día”.

Antonio Sánchez Pecino, según corrobora Juan José Silva, creó una escuela de la que vivieron diversas generaciones de guitarristas, desde Paco Martin a José Carlos Gómez o sus nietos, Jose Mari Bandera y Antonio Sánchez, entre otros muchos: una escuela con nombres y apellidos.

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2 comentarios

  1. Es necesario recuperar hoy la figura y la memoria de D. Antonio Sánchez Pecino, haciendo justicia a lo que representó en el mundo del Flamenco, no solo como como padre y maestro preceptor de sus hijos Ramón de Algeciras, Pepe y Paco de Lucía, -tres intérpretes excepcionales dentro de ese arte musical-, sino como tocaor flamenco en su época, que acompañó a muy célebres cantaores, y que proyectó después sus enseñanzas a otros muchos artistas de la guitarra, forjando así las bases de la que hoy puede denominarse «escuela algecireña de guitarra flamenca». También como productor desde mediados de los años 60 de numerosos artistas del género , entre ellos el propio Camarón de la Isla, y como compositor de numerosas letras flamencas interpretadas y grabadas por éste y por otros muchos relevantes cantaores de esa excelsa música.
    Creo que Algeciras le debe un reconocimiento público que espero algún día le sepa otorgar su pueblo.

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