Inmunidad de rebaño

La escritora y profesora Paloma Fernández Gomá desgrana las tímidas hojas de primavera que van apareciendo durante el invierno del Covid-19

Caminamos hacia la inmunidad de rebaño. Gibraltar  se  vuelve  una referencia a tener en cuenta,  a la  hora de encarar esta pandemia.

Los ciudadanos se pasean por las calles sin mascarillas y se sientan en las terrazas, conviven  y saludan a los  viejos tiempos. 

Volver a lo  «viejo» suena a retrogrado, pero  en este  contexto de pandemia suena a recuperar muchas cosas perdidas.  Se nos ha puesto a prueba y hemos ido sacando «del  armario» lo mejor y lo  peor que guardábamos: el amor  y el egoísmo,  han quedado retratados.  Y ahora con las cartas sobre la mesa se ven muchas realidades, que antes iban solapadas.

Las  vacunas surten su efecto y nos dan una esperanza, frente a este cielo  aciago que nos visita de forma permanente.

Creo firmemente que la investigación dará sus frutos y además de vacunas, cada vez más  efectivas; se encontrará  un tratamiento efectivo para una enfermedad tan confusa como ésta.

Años de investigación avalan éxitos científicos en todos los campos.

Una  carrera de fondo están librando investigadores científicos, laboratorios, universidades e instituciones para que la luz se vea al final del túnel.

Siempre caminamos de la mano de la economía, procurando que  las  medidas de seguridad sanitaria no sean un obstáculo insalvable para los negocios de tantas y tantas personas que  viven de  su esfuerzo. Lo están pasando muy mal. Pero no  están solas, somos muchos los que nos solidarizamos con ellos. Si bien sería cuestión de  “meterse en sus zapatos” para saber lo difícil  de  la situación a la que tienen que hacer frente.

La realidad que  vivimos hoy es algo que nunca nos hubiéramos  imaginado, ni en el peor de nuestros sueños: “Guarden la distancia de seguridad”. “ El uso de mascarillas es obligatorio”. Son frases  que se te quedan en la mente y sólo  las asocias a esas películas que adelantaban el futuro.  Pues vaya futuro!

El aire limpio se mueve entre los árboles  en primavera.  Él no sabe nada de lo que está pasando.  Se acopla a las ramas y a veces acaba arrastrándolas.  Habrá que ser fuertes y confiar en la ciencia, ese viento limpio que esperamos desde nuestra infinita paciencia, y que nos arrastre, sí que nos arrastre a un final feliz,  donde  volvamos a  encontrarnos en la palabra y en el corazón.

Porque si  el hombre  es  capaz de las peores cosas, también es capaz de las mejores.

Paloma Fernández Gomá, escritora y profesora
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