El pintor tarifeño Chema Cobo lleva Get Real! a Barcelona

La exposición permanecerá abierta durante dos meses en la galería Miguel Marcos

Bajo el título GET REAL! la galería Miguel Marcos de Barcelona albergará durante dos meses una muestra individual de Chema Cobo (Tarifa, 1952), uno de los principales artistas que empezó a descollar a finales de los años 70 y que ha venido manteniendo desde entonces un trabajo indagatorio sobre la pintura, la literatura y sus símbolos, de los que ha dado testimonio en numerosas ocasiones a lo largo de la última década.

No es la primera vez que visita esta galería barcelonesa, donde ya ha realizado anteriores exhibiciones individuales: «La exposición –aseguran desde la galería– pone de manifiesto la actualidad de los principios que dirigen los códigos conceptuales de la pintura de Chema Cobo, que recurriendo a la retórica de “lo sublime” y a la alegoría barroca, escenifica teatralmente las relaciones entre cultura y memoria, toma distancia y adopta una actitud crítica sobre la evolución del arte y la cultura contemporánea».

Se trata de pasar revista a su obra reciente, mediante una cuidadosa selección de pinturas y acuarelas realizadas a lo largo de los últimos tres años: «Moviéndose en espacios complejos y paradójicos de colores irreales e intensos –asegura la galería–, nos encontramos ante unas siluetas fantásticas, a menudo fragmentadas que nos llevan al mundo de los juegos y los contenidos narrativos o discursivos, cuestionando la misma idea de representación, cuya naturaleza es para él siempre inconclusa».

«La obra de Chema Cobo es en gran medida grotesca, llena de sentido del humor, muy en la tradición de la ironía romántica o de una poética becketiana de lo absurdo. La máscara, por ejemplo, que aparece recurrentemente en la producción del artista viene de la tradición de la emblemática manierista y barroca que en su momento atrajo a Picasso, Ensor o Magritte por citar algunos, tiene esta vez una lectura distinta, en gran medida conceptual, invitando al espectador al universo plástico y filosófico chemacobiano, poniendo en evidencia que las cosas no son lo que parecen. De ahí nos encontramos ante una secuencia de obras, donde el orden y el sentido los determinarán el propio visitante».

No faltará desde luego su revisitación del mono de la baraja, del bufón del destino: «Otro tema recurrente es el Joker –confirma Miguel Marcos–, la figura carnavalesca y desestabilizadora que va vestido de bufón o arlequín, que desde los años noventa tiene un gran protagonismo en la producción del artista, actuando como el maestro de ceremonias de una farsa anónima, presentando la obra de una forma que recuerda, en cierto modo, al Loplop de Max Ernst, revelando el artificio de las pinturas. Aunque el artista cita constantemente el juego y la transforma- ción en personajes ficticios como Ubu Rey de Alfred Jarry o Alicia de Lewis Carroll».

Desde la sala barcelonesa, también aprecian la materia literaria sobre la que también se sostiene el mundo conceptual de Chema Cobo –de hecho, estudió Filología–: «Las palabras permiten a Chema Cobo ir aún más lejos, enfrentando los elementos verbales con los visuales en el sentido mas explícito. Es un ir y venir continuo en el espejo de la representación y el sentido. En él, persigue la gradación entre luz y sombra. El anverso y el reverso de la experiencia. Esta elección de aforismos, en la tradición conceptista del barroco español, se concilia en una síntesis hilarante con el sentido de los “juegos de lenguaje”, pero articulados con el espejo de la visión, finalmente creando un paradigma propio lingüístico-visual del artista. El texto inscrito en la escena visual, siempre en inglés, lo podemos percibir como otra forma de dualidad, un intento de evitar la caída en el chiste, lo obvio, para buscar en cambio la universalidad».

En la actualidad, la Antigua Escuela de Magisterio de la Universidad de Jaén, como ya ha informado este blog, mantiene abierta una secuela de su muestra antológica de dibujos titulada “El Clamor de las moscas” y que ya en su día pudo visitarse en el CICUS, de la universidad de Sevilla.

Fotografía: Fernando Mármol


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