El pájaro que convivió con los neandertales inverna en Gibraltar

El avión roquero, Ptyonoprogne rupestris, lleva cien mil años refugiándose en el Peñón

El avión roquero, Ptyonoprogne rupestris, es un ave de unos 14 centímetros, familia de las golondrinas y de hábitos rupícolas, es decir, que anida en las rocas. Andoriña dos penedos, golondrina de los pinares, es su nombre en gallego. Roquerol se dice en catalán, evocación roquera que también tiene su nombre en inglés, crag martin, donde “crag” es risco y “martin”golondrina.

También anida en lugares como puentes y, desde hace no tanto, en núcleos urbanos –sus nidos pueden encontrarse en lugares de España como la iglesia de San Martín de Segovia, el castillo de Aínsa (Zaragoza) o el Puerto de Tarragona–. Así es esta ave de color pardo que cualquier niño pintaría, por su nombre inusual, como aeroplano con tupé y chaqueta de cuero.

Se trata de una especie insectívora que se distribuye desde Marruecos y Portugal hasta la costa del Pacífico de China. Aunque las poblaciones asiáticas son migratorias, las que se encuentran alrededor de la cuenca del Mediterráneo son en gran parte sedentarias, con aves procedentes de más al norte (como los Alpes y los Cárpatos del sur) que se desplazan principalmente a la región mediterránea y aves ibéricas del interior peninsular que se desplazan hacia el sur y hacia la costa.

Amanecer entre los roqueros, en Vanguard Cave. Fotografía: Clive Finlayson

El Peñón, su casa

Pero es en las rocas del peñón de Gibraltar donde la vocación roquera de estas aves se hace realmente patente y en los huecos en la piedra que convierte en nidos en invierno pueden albergar miles de individuos. Su costumbre de vivir junto a riscos y acantilados hacen que el Peñón y, más en concreto, las cuevas de la cara Este, sean uno de sus lugares favoritos del planeta.

Las recuperaciones realizadas en las cuevas gibraltareñas apuntan a que proceden del norte, de lugares como los Alpes italianos o el Pirineo francés, como recuerda el director del Museo de Gibraltar y experto en aves, el Profesor Clive Finlayson, quien considera que el avión roquero debe ya ser considerado parte del patrimonio local, tal es su querencia por el Peñón.

“Son invernantes, llegan en octubre y se marchan en marzo, aunque pueden quedar algunos ejemplares a principios de abril. Su número varía según la época y condiciones climáticas”, explica Finlayson.

Prueba de ello es que, aunque el número de ejemplares registrados solía oscilar entre 2.000 y 3.000, en noviembre de 2020 fue contabilizada una llegada masiva de unos 12.000. Esta cifra supuso que entre el 1 y el 2% de toda la población máxima europea (calculada en 1.100.000 aves) eligiese Gibraltar para sus vacaciones de invierno, en detrimento de otros lugares habituales de la península ibérica, y, en especial, la zona de Benicàssim (Castellón).

Preparándose para una dura jornada. Fotografía: Clive Fynlaison

Aquella llegada masiva de 2020 fue superada al año siguiente, con más de 20.000 ejemplares asentados en Gibraltar. Comenta Finlayson que ello pudo deberse a que las condiciones meteorológicas al norte eran adversas, con mucho frío y sin insectos aéreos, por lo que se desplazaron más al sur hasta llegar a Gibraltar.

De momento es solo una hipótesis sobre este patrón de comportamiento. Una hipótesis que se completa con un intenso seguimiento periódico que ha sido plasmado por Finlayson y su equipo en el estudio ‘La neontología del avión roquero complementa la tafonomía en el complejo de cuevas de Gorham’, publicado enScientific Reports, revista del grupo Nature.

Una costumbre de 100.000 años

Hace exactamente un año, en la Conferencia Calpe 2021, el doctor Keith Bensusan, del Jardín Botánico de Gibraltar, y Tyson Lee Holmes, del Museo Nacional de Gibraltar, ofrecieron los principales datos del mencionado informe. En el marco de la Conferencia dieron una charla sobre el avión roquero y desvelaron que ha estado presente en el complejo de cuevas de Gorham durante decenas de milenios, desde el Pleistoceno tardío. Se han encontrado fósiles en abundancia que datan de cuando los neandertales ocupaban las cuevas.

Por la mañana, en el dormidero. Fotografía: Clive Fynlaison
Avión, en su dormidero. Fotografía: Clive Fynlaison

“Sabemos que estas criaturas utilizan estas cuevas desde el tiempo de los neandertales, ya que hemos encontrado restos en el complejo que lo corroboran, es decir, llevan allí unos 100.000 años. Los neandertales los conocían y ellos a los neandertales”, expone Clive Finlayson. 

La relación de decenas de miles de años entre esta ave y las cuevas del Peñón “sugiere condiciones particularmente estables y óptimas para esta especie” a pesar de importantes cambios en el clima. Cada año son anillados entre 500 y 1.000 pájaros para poder establecer patrones de conducta y profundizar en su estudio.

En este sentido, el estudio desvela pruebas detalladas de que el avión roquero no solo vuelve a las cuevas de Gibraltar para invernar, sino que regresa al mismo lugar concreto de anidación (micrositio) dentro del mismo año y entre años. La probabilidad de recaptura en las cuevas donde fueron capturados (anillados) por primera vez es superior al 90%.

Anillando los aviones capturados. En la foto, Tyson Holmes, Charles Perez y Steve Finlayson

Patrimonio mundial de la UNESCO

El complejo de cuevas de Gorham, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2016 y, por tanto, dotado de una protección especial, es un lugar aislado que fomenta y anima al avión roquero a seguir asentándose en invierno, pues goza de la tranquilidad y el alimento que no le brindan otros enclaves.

Una característica del avión roquero es que es muy fiel a los dormideros ya utilizados con anterioridad, por lo que su presencia en gran número en el Peñón puede considerarse garantizada mientras su hábitat permanezca estable.

El estudio también detalla que la idoneidad en concreto de la cueva de Gorham es superior a las de las otras dos cuevas del entorno (Vanguard y F), ya que es en ella donde duermen los ejemplares de mejor condición y talla. La imagen de aves persiguiéndose entre los riscos refuerza la idea de que esta especie compite por hacerse con su lugar preferido.

Sacando aviones de las redes. Fotografía: Clive Fynlaison

Gorham, ejemplo de conservación total

Sobre su presencia en esta zona, el Ministro de Medio Ambiente de Gibraltar y ornitólogo el Profesor John Cortés, declaró: “Estas aves han recurrido a este lugar durante milenios y estoy orgulloso de que estemos contribuyendo de forma positiva a su bienestar actual. Este caso demuestra la importancia de proteger nuestro Sitio Patrimonio Mundial tanto a nivel cultural como natural.

Su protección no solo incluye a los neandertales y sus restos, sino también a todos los seres vivos que lo usan actualmente: es un ejemplo perfecto de conservación total”.

El avión roquero es un animal de costumbres. Los que invernan en Gibraltar abandonan cada día el dormidero para buscar comida más al norte, en la cercana España, y regresan a las cuevas por la noche en masa, ofreciendo un espectáculo único.

Miren al cielo entre octubre y marzo y, a la caída del sol, podrán observar grupos de miles de estas aves, menos escandalosas que otras especies, regresando de su jornada de caza a dormir en las históricas cavidades de la cara este del peñón de Gibraltar.

Algunas referencias:

·         https://www.nature.com/articles/s41598-021-95974-9 Informe de Keith Bensusan, Tyson Lee Holmes, Charles Perez, Geraldine Finlayson, Stewart Finlayson, Rhian Guille y Clive Finlayson, 2021.

·         https://infogibraltar.com/comunicados/aumento-sin-precedentes-en-los-dormideros-invernales-de-aviones-roqueros-en-el-complejo-de-la-cueva-de-gorham-sitio-patrimonio-mundial-de-la-unesco-c800/

·         https://seo.org/ave/avion-roquero/

·         https://www.chronicle.gi/the-calpe-conference-2021-a-personal-view-2/

·         https://en.wikipedia.org/wiki/Eurasian_crag_martin 

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