El esqueleto

Noventa años después de la proclamación de la Segunda República, Fernando Silva reflexiona sobre la vigencia de la memoria, a partir de los restos de los ejecutados en Jimena de la Frontera

          María José, arqueóloga, nos abre una pequeña habitación del cementerio de Jimena de la Frontera donde han organizado en cajas los restos recogidos en la fosa común. Es el fruto de meses intensos de trabajo, y solo es parte del proceso de rescate de fusilados en los aciagos días de la Guerra Civil española.

          El cráneo, los huesos y pertenencias de uno de los cuerpos se extienden a lo largo de la mesa que ocupa la zona central de la pequeña estancia. Es el individuo cinco. Sí, de momento un número, sin nombre y apellido reconocido, al que le queda por pasar el examen antropológico y luego el de ADN.

         El “hombre cinco” pudo morir de un disparo que le perforó el cráneo, y la mandibula la presenta rota, puede que del culatazo de un fusil. Debía calzar botas de caña alta.

       La memoria sobre estas personas se reconstruye así, transcurrido ochenta y cuatro años de los sucesos, con casi toda posibilidad pérdida de testimonios directos pérdida por el paso del tiempo. Queda el relato heredado por familiares que, todavía hoy, ansían que se de correcta sepultura a sus abuelos o abuelas, a sus tíos o tías… También hay familiares que no quieren saber nada, y documentos, muchos rescatados de bibliotecas particulares.

       En Jimena, como en toda España, se sufrió mucho entre los años 1936, con el comienzo de la insurrección ante el Gobierno de la República, y mediados de la década de los cuarenta del pasado siglo. Aquel último periodo se resumió bien en una de las frases finales de Las bicicletas son para el verano, de Fernando Fernán Gómez. “No ha llegado la Paz, ha llegado la Victoria”.

         Por el momento, en el cementerio de Jimena se han recogido restos de trece personas, en una excavación financiada por la Diputación Provincial de Cádiz, la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar y el propio ayuntamiento jimenato, con la intervención también de la Universidad de Cádiz, el Foro por la Memoria y familiares de fusilados en aquella época.

         Fran, Pascual, Dani y quienes escuchamos a María José lo hacemos con la sensación de asistir a un proceso justo, porque se trata de eso, de reparar un acto innoble que no justifica ni siquiera un tiempo de guerra. La identificación de los cadáveres, si es posible que se produzca, permitirá que sus familiares recuperen paz y puedan darle un lugar donde ser velados.

         El esqueleto nos habla de un dolor, del miedo, de la ira, del olvido. Son una parte sustancial de la historia española y de la historia de la democracia de nuestro país. Muchos no se la contamos a nuestros hijos e hijas por un silencio, puede que discreción mal aplicada, heredado de nuestros padres.

          Ahora, hoy 14 de abril, cuando algunos avanzan en la división, esa división que siempre viene del odio, el esqueleto arroja luz, tanta como la que es posible disfrutar por la lectura de los libros que cuidan en la Casa la Memoria. Jimena invita a ser visitada por muchas razones. La memoria democrática, el diálogo de la paz, es una de esas razones.

Fernando Silva, periodista y viceportavoz del PSOE en Algeciras
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