Diez años de flamenco en la Unesco

La autora del artículo, María Ángeles Carrasco,, economista y experta en flamenco,, era directora del Instituto Andaluz de Flamenco, hace diez años, cuando dicha disciplina musical y vital fue inscrita en la lista del patrimonio intangible de la humanidad, que elabora la Unesco

Hace algún tiempo que JJ Téllez me invito a asomarme a este interesante blog. Lo primero es felicitarlo públicamente, no por esta ventana tan importante, sino por su compromiso incansable con esta tierra y lo que representa.

El 16 de Noviembre celebrábamos el Día Andaluz del Flamenco ¿malos tiempos para celebrar? Quizás, pero más que celebrar debemos aprovechar esta fecha para recordar y reivindicar nuestro arte. Y esta tierra tiene mucho tanto para una cosa y como para la otra.

El 16 de Noviembre de 2010 el mundo del Flamenco lanzó su olé más unánime y la alegría fue el palo elegido para festejar que se le catalogaba como patrimonio inmaterial de la humanidad.

Un reconocimiento que, aunque tarde para algunos, fue recibido como una reafirmación de nuestra principal seña de identidad. El Flamenco. Una forma de vivir y de sentir que no siempre gozó de la misma consideración institucional y que fue motivo de vergüenza incluso para algunos gobiernos que lo intentaron apartar de las señas representativas de la cultura española. Perseguido, denostado, despreciado en sus orígenes obtenía, entonces, la distinción de la máxima institución cultural.

La cultura nos define. Cada país, cada pueblo, posee su propia identidad. Sus propias singularidades, sus propias particularidades. Pero finalmente la cultura nos une en torno a aspectos históricos y antropológicos que se hilvanan en el tiempo hasta hacer un tejido común. La cultura nos une. Y el flamenco es nuestra cultura, y qué cultura. Una cultura que genera admiración y fascinación en todo el mundo, que no siempre fue así, y al que hace diez años se le hizo justicia por parte de la Unesco, el organismo que vela por la cultura del mundo.

Porque si hay en España una manifestación cultural de primera magnitud, que haya asumido como propias diversas, heterogéneas y múltiples influencias culturales es el flamenco. Cuenta con una historia inequívocamente unida a la propia historia de la tierra que lo vio nacer, una tierra en la que distintas civilizaciones han ido dejando a lo largo de los siglos una amalgama de aspectos culturales que han construido, con el tiempo, su carácter único en el mundo.

La inclusión por parte de la Unesco en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad era la mayor aspiración del flamenco como elemento patrimonial. En Andalucía contábamos ya con numerosos conjuntos monumentales que ya formaban parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad. La Alhambra y el Albaicín de Granada, la Giralda y la catedral de Sevilla o el entorno artístico-histórico de Úbeda, por ejemplo. Pero contábamos también con un monumento construido como un hermoso castillo en el aire, al que había que proteger y reconocer. Era y es el flamenco.

Nuestro arte más genuino está a la altura de todos estos conjuntos monumentales porque es colosal y plástico, supone una atracción para los cinco sentidos, pero también para el sexto, porque nos descubre desde hace más de dos siglos el alma del escalofrío y nos abre a su vez las puertas del conocimiento; porque ha sabido, también, salir de nuestras fronteras y adaptarse a cada una de las manifestaciones culturales con las que ha ido cruzándose en el camino de la sensibilidad como un formidable puente intercultural dentro y fuera de Andalucía.

David Morales pasa revista a 40 años de flamenco en el Teatro Lara, de Madrid

Es un arte arraigado y que arraiga; capaz de despertar un sentimiento común de pasión por lo nuestro entre culturas tan diferentes como la china o la japonesa. Es un arte que no entiende de fronteras, pero tiene cuna, Andalucía, desde donde ha establecido rutas de difusión por los más diversos lugares creando, a cada paso, un elemento de identidad para nuestro pueblo y un signo de complicidad espiritual entre todos aquellos que lo viven

El flamenco reina en los rituales religiosos de Andalucía, en los actos festivos civiles, desde las bodas a los bautizos y las romerías; en los acontecimientos colectivos o íntimos, en las reuniones y en el trabajo. Cuenta con unas peculiares técnicas de ejecución y su pone desde un quejío individual, a un espectáculo en toda regla con el cante, el toque, el baile y la percusión como indudables protagonistas. Pero es sobre todo una banda sonora sentimental: cada palo transmite un estado de ánimo

Se cumplen diez años de este reconocimiento, y muchas siguen siendo las voces que lo siguen poniendo en tela de juicio pero quizás sea mejor dejar para otro momento los balances y dedicar esta fecha a felicitar a todos los que lo siguen engrandeciendo, a artistas, peñistas, gestores, artesanos, técnicos, guionistas, directores, compositores productores…. Todos los profesionales que siguen peleando para salvaguardarlo.

Muchos nombres propios a lo largo de la Historia del Flamenco nos llevan hasta el Campo de Gibraltar. Desde sus orígenes hasta hoy, esta tierra tiene mucho que decir de este arte, una tierra de paso y mestiza como es el arte jondo. Una tierra de referentes que sigue teniendo grandes nombres y Peñas Flamencas que luchan por seguir defendiendo el arte de esta tierra.
Así lo pregonaba Mónika Bellido en Algeciras y así lo celebrará en estos días el bailaor David Morales que cumple 40 años de su compañía y que estará en el teatro Lara de Madrid.

María Ángeles Carrasco, licenciada en ADE y experta en flamenc

Foto principal: Ballet Flamenco de Andalucía

Share on facebook
Facebook
Share on google
Google+
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on pinterest
Pinterest

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

16 + 9 =