¿Cuánto tiempo dura una guerra?

"Los que dictan las guerras nunca sufren el impacto de las balas, ni el derribo de sus casas", reflexiona Paloma Fernández Gomá en su artículo de hoy

La razón de la sin razón convive entre nosotros sin haber sido invitada. Ignora toda lógica y se aparta del sentido común. Llama a cualquier puerta, sabiendo que no ha de encontrar respuesta, explorando absurdas conclusiones que no llegan a ningún puerto. Los países y sus gobiernos acuerdan y desacuerdan encuentros con ánimo de poder, apostando por el pueblo y dentro de éste por los más desfavorecidos.

Argumentan sus tesis con grandes dosis de  vacía elocuencia, esquivando la verdad a medias, que es la gran aliada de la mayor de las mentiras.Los grandes mandatarios se envuelven en sus estolas de poder y recaudan oratoria vacía para seguir en sus sillones. Da igual que sus posaderas se sienten sobre la piel auténtica de un chesterfield o sobre la polipiel de cualquiera sofá. El caso es no perder ni un ápice de poder.

Mientras las guerras siguen su cauce de destrucción, la corrupción se asienta en tronos y sillas. Las pasarelas del poder no conocen países, pero allí donde la pobreza es mayor, resulta más irracional. El pueblo vive en el olvido más absoluto entre la violencia de los señores de la guerra y la ignominia de la conducta más inhumana de quienes se dicen representar al pueblo. Nacer pobre en ciertos países es un estigma que conduce a la emigración, a la pobreza y hasta a la violencia de quienes no tienen nada que perder.

El mundo se divide entre quienes lo  tienen todo y los que no tienen nada, frente a ellos están sus representantes elegidos o impuestos, pero ambos con el poder de decidir sobre la vida de los demás. Actuando en mayor o menor grado sobre el bienestar de sus conciudadanos. El otro día me preguntaba mi nieto que cuánto tiempo duraba una guerra. Le dije que depende, pues hay guerras que duraron seis días y otras cien años, pero que llevan dolor y muerte, y que había que evitarlas siempre.

Lo mejor es que nunca haya guerras. Pero para mis adentros me decía a mi misma que las guerras duran el tiempo que quieran aquellos que las hacen posible y que piensan más en ellos mismos que en sus pueblos. Los que dictan las guerras nunca sufren el impacto de las balas, ni el derribo de sus casas. El fuego lo ven desde lejos como si fueran de artificio y el estruendo de las bombas les llega como truenos de una tormenta. Una gran tormenta que asola campos y ciudades, rugiendo sin compasión dejando a su paso la huella de la muerte.

Paloma Fernández Gomá, escritora y profesora
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