Coronavirus: de sabios es rectificar

Paloma Fernández Gomá reflexiona en torno a la gestión del COVID-19 y sus repercusiones en la salud, en el trabajo y en la democracia

Creo que el refranero es sabio. Tiene el aval del tiempo transcurrido que lo arropa y le brinda su certeza. «De sabios es rectificar», cierto, muy cierto; y quizás tuviera que retractarme de lo que voy a escribir. Vivimos un tiempo caótico, de esta realidad no creo que me retracte, pero leyendo entre líneas, haciendo un poco de gurú, pronostico un futuro cercano nada halagüeño.

El virus ataca con uñas y dientes, se fortalece. El mundo se sacude e intenta amortiguar el golpe, pero al mismo tiempo sus gobiernos, siempre dispares, buscan soluciones. Soluciones enfrentadas, salud o economía. No encuentran el equilibrio.

Sus ciudadanos mueren, se infectan, pierden el trabajo. Parece una plaga que no nos deja. Una cadena de infortunios. Un cóctel explosivo donde la democracia pierde fuerza, al menos en algunos países.El totalitarismo, que yo pienso que no es bueno; saca cada vez más su cabeza, una veces teñida  de color rubio otras de castaño  oscuro; pero será y es siempre malo, aunque se disfrace con piel de cordero. 

Los ciudadanos están aturdidos por la pandemia y sólo piensan en llevar alimentos  a sus casas o medio conservar sus trabajo, cuando no llorar a sus muertos o tener dinero para pagar las mascarillas. Además y por si fuera poco, nuestra sociedad occidental está acostumbrada a vivir holgadamente y poco o nada se ha preocupado por otras cosas que no fueran su bienestar;  sumiéndose  en el consumismo, cuando no endeudándose, muchas veces, para divertirse o para  ir a la última moda.

No quiero decir que toda persona obre de esta forma, pero sí una buena parte. Sin darnos cuenta hemos construido una democracia débil, que se deja convencer fácilmente, siempre  y cuando le garanticen vivir sin preocupaciones. Sin darse cuenta que su primera preocupación es vivir con dignidad. 

Y es que nuestra democracia ha dejado a un lado palabras que encierran nobles conceptos, como dignidad, lealtad, nobleza, que no de sangre, respeto, democracia, honradez, verdad, compromiso…Y así poco a poco estos conceptos han ido desapareciendo de nuestra educación y de nuestra convivencia. Aquí estamos esperando que el mundo se arregle sin darnos cuenta de que somos los auténticos protagonistas de nuestro mundo. Volviendo a los refranes; ojalá me tenga que retractar y decir: «De sabios es rectificar», afirmando que me equivoqué y que nuestra democracia es firme y que nuestra sociedad ha despertado. 

No quisiera que se cumpliese ese otro refrán que dice: «No hay mal que por bien no venga». Pues sería rastrero desear que este padecimiento de un pueblo soberano, pudiera traer algún bien. El pueblo es quien cede su voluntad a los gobernantes y éstos deben actuar en consecuencia con la voluntad del pueblo. Diciendo la verdad y siendo leales con los principios democráticos que son los que les han llevado a gobernar. El pueblo quiere trabajo, seguridad, progreso y libertad y no ser engañado o usado para otros fines ajenos a los que él, el pueblo votó. Desea vivir  con derechos igualitarios en cualquier parte del país. Garantías sociales, buena asistencia sanitaria y educativa y sobre todo y ante todo que se le respete y se trabaje por su mejoría en todos los aspectos de su vida. El pueblo es en última y primera instancia quien decide.

Paloma Fernández Gomá, escritora y profesora
Share on facebook
Facebook
Share on google
Google+
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on pinterest
Pinterest

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

20 − trece =