Chema Cobo reúne 40 años de creación en su exposición El clamor de las moscas

"Buscaba un título que tuviera algo de jocosidad", refiere Chema Cobo al describir esta exposición donde pueden contemplarse piezas nunca vistas del pintor tarifeño

Acaba de ser inaugurada en la Universidad de Jaén, el pasado 9 de septiembre, la exposición miscelánea «El clamor de las moscas», comisariada por Fernando Sáez Prada y que presenta una selección de dibujos y bocetos procedentes del archivo de Chema Cobo (Tarifa, 1952). Muchas de estas piezas –entre ellas, ocho dibujos fechados en 1977 y 1979 y que fueron adquiridos por el CICUS– no han sido expuestas hasta esta muestra, que ya ha pasado con anterioridad por otras universidades, como las de Sevilla y Granada. De hecho, esta iniciativa se enmarca dentro de un importante proyecto cultural de las Universidades Andaluzas, nacido en 2005: el proyecto Atalaya. Producida junto al Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla, que coordina el proyecto de arte contemporáneo, la Universidad de Jaén presenta la obra de origen gaditano y con vocación universal.

A juicio del pintor tarifeño, que desde 1999 reside en Alhaurín de la Torre, «la exposición tiene muchas caras, muchas posibilidades de lectura y eso es lo más interesante». La colección –dibujos sobre papel en su mayoría, a excepción de los jokers escultóricos, que, a decir de Cobo, siguen estableciendo una distancia irónica sobre la realidad y el arte– supone un viaje por los cuarenta años de creatividad desbordante de Chema Cobo, a caballo a menudo entre las artes plásticas, la literatura y, en sus inicios, el cine. En Jaén, «El clamor de las moscas» se ha detenido en la Sala de Exposiciones de la Antigua Escuela de Magisterio, donde podrá contemplarse hasta el 15 de noviembre.

Entre el irónico Joker y el siniestro ventrílocuo, los personajes de Cobo se reflejan en ese conjunto, cargados de mapas que no representan la realidad –«los navegadores tampoco te dejan donde tú quieras»–: «Yo que he nacido en Tarifa, veía en frente a Africa desde pequeño. Cuando vi el mapa de Africa me sorprendió que fuera el monte que yo veía en frente de mi casa».

«Yo siempre he concebido el arte como juego gratuito que generar riqueza para mantenerte. Equilibrado sería así. Se impone el hombre trabajador, que produce. La conclusión o el inicio de la exposición parte del triunfo del juego sobre el hombre productivo».

También la expresión «El clamor de las moscas», lleva una carga irónica y burlesca: «Buscaba un titulo, para los tiempos que corren, que tuviera algo de jocosidad. Vamos de ciclos en que se frivoliza lo que está pasando en el arte y ciclos después todo es un santo entierro. Eso tienden a hacerlo los que pretenden ser más modernos, mesiánicamente modernos. El clamor de las moscas es que me río de ellos, son moscas que acuden a la miel del momento y se pavonean en ella».

«Me gusta hacer obras en que lo importante no es lo que se ve, sino lo que se oculta –ha afirmado Chema Cobo en relación con esta muestra–. Parto de una pintura aparentemente clásica y la gente con una simple distorsión estilística puede darse cuenta de que no es solo lo que está viendo a primera vista, sino que hay algo más».

Si Fernando Pessoa consideraba que el poeta es un fingidor, Chema Cobo extiende dicha consideración al artista en general: «De ahí, las máscaras, un juego que me ha fascinado siempre. La vida la contemplo como una mascarada grotesca. Me fascinaba de pequeño cuando me llevaban a ver un mago. El artista miente sin hacer daño, como un mago. El espectador sabe que hay truco siempre».

El acto inaugural contó con la presencia del Vicerrector de Proyección de la Cultura y Deporte de la UJA, Felipe Serrano Estrella, que elogió al autor, como “artista reconocido y admirado en nuestro país y en el extranjero, con obra expuesta en algunos de los más importantes museos y centros de arte contemporáneo”, como el MoMA, el Metropolitan de Nueva York, el Museo de Arte Moderno de Chicago, el Museo Nacional Reina Sofía o el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo entre otros.

Felipe Serrano explicó que esta exposición de la obra de Chema Cobo “es casi una retrospectiva y abarca una amplia selección de su producción, desde los inicios de su andadura profesional hasta ahora. Un variado conjunto que va desde dibujos, acuarelas y tintas hasta la última incorporación de obra escultórica”. La misma, brinda la oportunidad de hacer un recorrido por el periplo vital y a la vez estético, de un artista polifacético “que ha sabido moverse siempre saltándose límites, franqueando barreras que dieran cabida a una expresión libre en cada momento”, subrayó.

Durante el acto inaugural, Serrano Estrella afirmó que, con este acto se pone de manifiesto la que siempre ha sido tarea esencial de esta institución universitaria. “El cultivo de la ciencia y del saber siempre tuvo como complemento la necesidad de expandir, de interaccionar con el entorno y llegar a la ciudadanía. Con una propuesta alternativa y de calidad en la gestión cultural de Jaén”, apuntó el vicerrector.

La obra inicial de Chema Cobo se relacionó con la Nueva figuración madrileña de los años 70, que englobaba a un buen número de artistas de origen andaluz (Pérez Villalta, Albacete, Quejido, Gordillo). Como recuerda la Universidad de Jaén, en ese momento, «le tocó lidiar con un momento de gran complejidad desde el punto de vista político y social, y al que supieron responder con una pintura de fuerte carga crítica e ironía al tiempo de lúdica, más allá del debate siempre presente de figuración y abstracción». Todo ello, a juicio de Serrano, “sin perder de vista el buen oficio y la miranda hacia nuestro Barroco: Velázquez. A partir de los 80 participa de movimientos internacionales como el neoexpresionismo. Interés por el concepto: frases en su obra, muchas de ellas en inglés”, apostilló.

Como saben los campogibraltareños, el artista tarifeño Chema Cobo cursó estudios de Filosofía y Letras y se inició en el mundo de la imagen a través del cine, una faceta que abandonó para sumergirse en las artes plásticas, con una proyección mundial. Durante cierto tiempo, residió en Bélgica y en Estados Unidos. Y siempre profundizó en la literatura, una de sus claras preferencias creativas, como demuestra en sus afilados aforismos, que hay ido publicando a lo largo de las últimas décadas.

Su arte ha ido evolucionando a la par que evitaba simplistas etiquetas. Sus recursos plásticos han sido variados para corresponderse con una opción estética muy personal, que le ha hecho ganarse un puesto entre los maestros del arte contemporáneo español. “En un camino que va de lo puramente figurativo a lo conceptual, con perfiles difuminados que llevan al espectador a cerrarlos”, señaló Serrano durante la inauguración de Jaén.

En los últimos días, también ha salido de la imprenta artesanal de Francisco Cumpián, en Málaga, una edición del poema «Howl» («Aullido»), de Allen Ginsberg, con ilustraciones de Chema Cobo. El artista lleva años colaborando con Cumpián, desde que interpretase con sus dibujos «El Cuervo», de Edgard Allan Poe.

Fotografías: Fernando Mármol y Gabinete de Comunicación y Proyección Institucional de la UJA

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