Brexit: nueva ocasión para el acuerdo

Londres y Bruselas seguirán negociando, en principio, hasta el domingo y, en el Campo de Gibraltar, las últimas conversaciones técnicas revelan que hay muy pocos trabajadores españoles que se hayan inscrito en el censo creado a tal efecto

Tras varios días viviendo en habitaciones separadas, Gran Bretaña y la Unión Europea retomaron ayer las conversaciones, interrumpidas hacía justo una semana por decisión de Boris Johnson ante lo que consideraba posiciones inamovibles de la Unión Europea.

En paralelo, durante el pasado miércoles y bajo considerable discreción, se reunió el comité técnico sobre Derechos Ciudadanos que regirán a partir de que se haga efectivo el Brexit, entre Gibraltar y el resto de la comarca. La buena noticia es que se avanza en la concreción de uno de los principales memorandos que se firmaron en 2018. En este aspecto, las delegaciones del Reino Unido, Gibraltar, España, Andalucía y Campo de Gibraltar insistieron en la necesidad de que los trabajadores españoles en el Peñón se inscriban en un censo específico que, hasta ahora, registra muy escasas inscripciones.

Sobre el tapete, se encuentra la posibilidad de que muchos de ellos, por no incorporarse a dicho cómputo, podrían perder prestaciones e incluso derechos parciales al cobro de su pensión. Por no hablar de los retrasos a los que podrían enfrentarse en el paso fronterizo, de no acreditar su condición de trabajadores en el Peñón. ¿Qué ocurrirá, por ejemplo, con el servicio doméstico que normalmente se mueve en la economía sumergida

Fue una reunión compleja, en un momento complejo: alguno de los participantes, como el presidente de la Mancomunidad, Juan Lozano, contagiado de coronavirus, como algunos alcaldes en autoaislamiento, siguieron el encuentro de forma telemática. Sin embargo, la angustia creada por la interrupción de las conversaciones entre Londres y Bruselas, se vio aliviada ese mismo día por los rumores que apuntaban a una reanudación de los contactos, a partir de que, durante dicha jornada, Michel Barnier, negociador jefe de la Unión Europea, asegurase ante el Parlamento que todavía era posible el acuerdo.

En su discurso, venía a reconocer algunas de las líneas rojas del equipo de Boris Johnson, que exigía el reconocimiento de la plena soberanía del Reino Unido de cara a este acuerdo, una exigencia que en principio parecería una obviedad: «Cualquier acuerdo futuro se hará respetando la autonomía de decisión de la Unión Europea y la soberanía británica», fueron sus palabras.

«Hemos acordado restablecer las negociaciones con la UE. Serán conversaciones intensivas”, confirmó de inmediato David Frost, el negociador británico que el pasado fin de semana pidió a Barnier que no se molestara en viajar al Reino Unido el lunes para proseguir la negociación.

Así que, en la tarde del jueves, los negociadores comunitarios volaron de nuevo a Londres, donde siguieron trabajando ayer viernes y seguirán haciéndolo, presumiblemente, hasta mañana domingo. Ahora, la idea es que haya acuerdo satisfactorio o insatisfactorio entre las partes a mediados de noviembre, con tiempo suficiente para que los parlamentos nacionales lo ratifiquen antes de la fatídica fecha del 31 de diciembre.

«Se necesitan dos para llegar a un acuerdo. Es totalmente posible que las negociaciones no tengan éxito”, anticipó Frost. Pero la puerta sigue abierta. Ambas partes tienen “la enorme responsabilidad común” de llegar a un acuerdo, afirmó Barnier. Sus palabras parecían más esperanzadoras, no obstante, que las de su oponente. Quizá porque Gran Bretaña ya esté jugando en otra liga y, de hecho, acabe de firmar un acuerdo comercial con Japón.

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