Ballenas en la Costa

Los pasados días del confinamiento hemos recibido multitud de mensajes, imágenes y vídeos en los que se podía ver a la fauna salvaje ocupando carreteras, calles, plazas, playas y un buen número de sitios que, por lo general, suelen ser el hábitat habitual de la especie humana. Daba la impresión de que, con la ausencia de la gente, los animales hubieran conquistado rincones antes vedados por el mero hecho de nuestra incómoda presencia.

Uno de los vídeos que más me ha impresionado ha sido en el que se ve a un grupo de grandes cetáceos en la zona exterior del peñón de Gibraltar, acercándose a la Bahía. Una escena, por otro lado, bastante común en el Estrecho, ya que los avistamientos de delfines y otras especies son frecuentes, incluso con el intenso tráfico acostumbrado que hay en esta área.

La cuestión es que se me ha venido a la memoria un breve texto de Estrabón, geógrafo griego que vivió –sin que exista certeza sobre la fecha exacta de su nacimiento o de su defunción- entre los años 64-63 a. C y 19-24 d. C. En su obra Geografía, del 29 a, C., da cuenta del Mundo tal como se conocía en aquellos momentos –su vida transcurrió entre los últimos años de la República y los primeros del Imperio Romano- y, aunque recorrió miles de kilómetros, no estuvo personalmente por estas tierras, de las que escribió mencionando a otros autores. Aunque no pisara todos los lugares por él recogidos, a sus descripciones se les otorga una gran fiabilidad por parte de la historiografía y son una fuente imprescindible para la historia y la arqueología.

En el texto que he recordado se refiere a la Turdetania, que era cómo se conocía a una extensa región que ocupaba casi toda la actual Andalucía, de la que dice maravillas, retratando, de forma bastante vivaz, ciudades, enclaves, multitud de elementos del paisaje, así como también las actividades que en el territorio se desarrollaban, haciendo especial hincapié, en la abundancia de recursos de los que sus habitantes disponían.

Este es el fragmento al que me refiero:

  (…)Siendo así las tierras interiores de Turdetania, podría afirmarse que sus costas son comparables en cuanto a riqueza del mar; generalmente tanto las ostras como las conchas exceden en cantidad y dimensión a las del mar Exterior, y ello es debido, sobre todo a que, siendo mayores también las pleamares y bajamares, estos movimientos del mar les hacen aumentar en número y tamaño, y ocurre lo mismo con toda clase de cetáceos, orcas, ballenas y marsopas que, al respirar parece desde lejos que lanzan al aire una columna de vapor.  

Y es que, a pesar de los perjuicios que el Antropoceno ha ocasionado, quebrantando aquellos antiguos paraísos que, por ejemplo debieron ser nuestras costas, seguimos andando los mismos senderos, observando el mismo cielo, oliendo el mismo mar, habitando los mismos espacios y nos envuelve una muy parecida línea del horizonte a la que rodeó a nuestros antepasados de hace ya más de dos mil años.

Mapa con los pueblos que conformaban la Turdetania
Mapa con los pueblos que conformaban la Turdetania
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