Bacarisas vuelve a Gibraltar

Reproducciones de personajes del pintor protagonizan diversos murales callejeros en el Peñón

Los tipos reflejados en la pintura de Gustavo Bacarisas centran la segunda fase de los murales callejeros, algunas de cuyas piezas ya decoran Town Range o la Calle Comedia (Castle Street), en el centro de Gibraltar. De alguna manera, el pintor gibraltareño que hizo bandera de Sevilla, vuelve a su patria chica, en donde ya cuenta con unas galerías de artes plásticas que también llevan su nombre.

Esta iniciativa de arte callejero, que cuenta con el respaldo del Servicio Cultural de Gibraltar (Gibraltar Cultural Services), en representación del Ministerio de Patrimonio y Cultura, ha sido concebida por Ronnie Alecia quien, junto con el artista callejero británico Jupp, asumen el reto de plasmar el trabajo del artista gibraltareño Gustavo Bacarisas.

“Los murales –afirma un portavoz del Gobierno local– buscan conmemorar la obra del Ciudadano de Honor de la Ciudad (Freeman of the City) de Gibraltar y uno de sus artistas de mayor renombre. Estos murales se inspiran de la obra de Gustavo Bacarisas, especialmente de los personajes representados en su serie Lunettes, que muestra a personas corrientes trabajando o en su tiempo libre [y están ubicadas en Gibraltar, Tánger, Castellar, Jimena y Aracena]. La propuesta cuenta con el apoyo del Comité de Arte Callejero (Street Art Committee), que incluye a representantes de la Fundación del Patrimonio (Heritage Trust) y a varios Departamentos del Gobierno, incluyendo el de Urbanismo”.

La geografía callejera de Bacarisas alcanza hasta la calle Real (Main Street) o Landport Tunnel en la Explanada (Casemates), como parte de un proceso en el que las autoridades buscan dar continuidad a sus programas de regeneración urbana y desarrollo cultural.

 “Hemos visto cómo nuestro proyecto de arte callejero está vivificando nuestras zonas urbanas. El arte está haciendo que nuestro Patrimonio cobre vida a nuestro alrededor, y hay mucho más en camino”, aseguró a este propósito John Cortés, ministro de Patrimonio y Cultura.

Nacido en Gibraltar en 1873, Bacarisas falleció en Sevilla en 1971. Se le considera, por parte de la crítica como un pintor post-impresionista, que basándose en la simbología casticista de la pintura de su época, experimentó colores, encuadres y perspectivas distintas.

Pintor autodidacta, se formó en Roma, en 1892, gracias al dinero que recaudaron sus propios convecinos gibraltareños.  En 1911, viajará a Buenos Aires para ejercer de profesor en la Academia Nacional y en 1916, contrajo domicilio en Sevilla, convirtiéndose en uno de los iconos artísticos de la ciudad y en donde trabajó hasta su muerte en el año 1971.

“Su pasaporte británico le privó de honores académicos en España, pero al mismo tiempo le abrió las puertas del mundo para viajar e interesarse por las nuevas corrientes pictóricas del momento. Aunque a la vuelta de sus viajes se daba cuenta de que la luz y la musicalidad que tenían los pueblos andaluces no se encontraba en ningún otro sitio. Un serio magisterio de la luz y del color caracteriza a su obra, desde sus orígenes. Es el caso de una de sus piezas, titulada “Il Corso” y que, en su día, fue expuesta por la Real Academia de Italia: en sus inicios, se fija en jóvenes mujeres que le sirven de modelos para una serie que incurre en el orientalismo al gusto romántico pero con una fuerte carga sensual. Luego, vendrían piezas como “Noche sevillana”, “Conchita” y “Joven gitana”, en la que va urdiendo su propio mundo, una atmósfera mestiza en donde cabe una lectura sosegada de las tradiciones pictóricas del XIX, sin que se atreva a cruzar esta línea y apostar por las vanguardias que empiezan a surgir en ese mismo tiempo”, puede leerse en la Gran Enciclopedia Ilustrada de Andalucía.

Entre retratos y naturalezas muertas, expone en la Real Academia Británica y realiza escenografías teatrales en Londres, una de las parcelas que más le atrajo, junto con el diseño de figurines. En Suecia, en 1922, pintó los decorados de la ópera “Carmen” y conoció a quien sería su mujer, Elsa Jernas. Un año antes, realizó una serie bocetos para la azulejería del Pabellón Real de la Exposición Iberoamericana de Sevilla. Muchos años más tarde el Museo de Bellas Artes Hispalense adquirió su célebre cuadro ` Sevilla en fiestas ´.

Contrajo domicilio en Sevilla, pero al estallar la guerra civil retornó a Gibraltar, donde pintó su célebre lienzo The Harbor with Atlantic Fleets, que regaló al pueblo gibraltareño. Tras la Segunda Guerra Mundial, regresó a la capital de Andalucía, pero siguió manteniendo lazos con el Peñón, uno de cuyos paisajes impresionó en un cuadro que fue regalado a la reina Isabel II de Inglaterra. En 1962, fue la primera persona en recibir el galardón “Freedom of the City of Gibraltar” (Libertad de la Ciudad de Gibraltar). Nueve años después, fallecería en Sevilla.

“Su nombre –escribe Bernardo Palomo– está ligado a lo más selecto de la pintura de la primera parte del siglo XX. Está en posesión de un lenguaje muy particular donde la forma plástica condiciona un engranaje representativo lleno de encanto visual, modernidad, valentía y acusada personalidad”.

A pesar de su origen gibraltareño, Palomo recuerda que “es considerado pintor de Sevilla y protagonista indiscutible de la mejor pintura sevillana del primer tercio del siglo pasado”.

“Gustavo Bacarisas Podestá fue un pintor que, a pesar de vivir en un momento muy determinado, en el que la pintura estaba tremendamente condicionada por los grandes nombres del realismo sevillano – José Jiménez Aranda, José Villegas Cordero, José García Ramos, Gonzalo Bilbao, entre otros -, supo plantear un desarrollo creativo novedoso con unos desenlaces plásticos diametralmente opuestos a los que venían siendo norma habitual y a los que se tenía auténtica veneración en una ciudad que promulgaba los valores eternos de la tradición –concluye Palomo–. Partiendo de los mismos planteamientos representativos, con las escenas costumbristas como principales ejes de una figuración de marcados tintes populares, la pintura de Gustavo Bacarisas adopta unas nuevas posiciones estéticas basadas en un expresionismo colorista que llega, incluso a hacerse extremo, hasta los límites de un fauvismo particularísimo, esencial y capaz de estructurar una realidad menos constreñida que la que tanto gustaba a la sociedad del momento. La obra del pintor gibraltareño marca claramente las distancias en una época donde el mundo del Arte vivía momentos de indiscutible expectación, de cambios trascendentes y de situaciones contradictorias. Así, su pintura es una isla diferente en medio de un archipiélago de monótonos paisajes donde las circunstancias de un pasado esplendoroso imponía unos modos difícilmente superables. Por eso Gustavo Bacarisas dejó constancia de una personalidad indiscutible, muy diferente de aquellos asuntos iguales que marcaban la existencia de la pintura de la época. Escenas costumbristas donde las protagonistas dejan entrever marcados rictus de cierta tristeza y melancolía y que se nos ofrecen  ataviadas con mantones que recrean esa pasional forma de interpretar el elemento floral que caracteriza la pintura de Gustavo Bacarisas, paisajes impresionistas con elementos urbanos de París y Londres o de pueblos castellanos o andaluces, carteles anunciadores de ferias y fiestas, con acentuados planteamientos modernistas e, incluso, retratos, conforman su amplio abanico de posibilidades pictóricas”.

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