Aziz Balouch, el pakistaní que se hizo flamenco entre Gibraltar y La Línea

En 1932, llegó al Peñón y llegó a ser apadrinado por Pepe Marchena, con el nombre artístico de Marchenita

El pasado 16 de noviembre se conmemoró el Día Andaluz del Flamenco y hoy se celebra a Santa Cecilia, como patrona católica de la música. Así que en homenaje a todos los músicos del Estrecho de Gibraltar, no viene mal traer a cuento la peripecia, escasamente conocida, de un músico paquistaní que, en 1927, llegó al Peñón para trabajar en una tienda y, en La Línea, se adentró en el flamenco, conoció a Pepe Marchena y terminó relacionando el cante jondo con la poesía sufí y las tradiciones musicales de su tierra.

El erudito Miguel Vermehren me puso sobre la pista de un artículo publicado por Grayson Haver Currin, en el periódico digital Bandcamp Daily, en torno a la figura apasionante y apasionada de Aziz Balouch, un inesperado cantaor de flamenco que se vio sorprendido por los discos de Antonio Chacón y de Marchena, en los que, a juicio de Manuel Rios Ruiz y de Blas Vega, encontró una gran semejanza con las músicas y canciones del Pakistán.

En las páginas virtuales de Bandcamp Daily, se narra la peripecia de un estudiante gibraltareño, Stefan Williamson Fa, en 2009, cuando tenía 19 años y estudiaba segundo curso en la Universidad de Edimburgo. Cuando estaba de vacaciones en Gibraltar, en casa de su familia, escuchó la voz de Aziz Balouch en un programa flamenco de Radio Nacional de España, en cuya voz distinguió la de “un tenor con un vibrato perfectamente atemperado”, sobre guitarra flamenca.

“Era justo uno de esos momentos para alguien que ama la música y encuentra algo completamente diferente a lo que nunca había oído antes”, asegura Williamson Fa, que inició una larga pesquisa en torno a la vida y obra de  Abdul Aziz Balouch. Una bibliografía en la que intenta probar los orígenes orientales del flamenco.

Aunque recientemente se ha reeditado un EP de Aziz Balouch grabado en 1962 y que incluía la seguiriya que había sorprendido a Williamson Fa, su pesquisa continuó hasta que empezó a encontrar datos ciertos en su pesquisa. Según sus datos, hacia 1932, Aziz Balouch dejó su casa en la región paquistaní de Sindh y se dirigió a Gibraltar: “El había oído grabaciones flamencas al mismo empresario hindú que le ofreció un trabajo de muchas horas en una tienda allí”.

“Por la noche, desde Gibraltar, Balouch cruzaría a la ciudad española de La Línea de la Concepción para oír flamenco”.

Allí asistió a una actuación de Pepe Marchena, así que empezó a cantar por su estilo y adoptó incluso el nombre artístico de “El Marchenita”, llegando a incorporarse a la compañía del Niño. En 2019, Williamson Fa escribió un extenso artículo para la revista Cristical Muslim en el que documenta la peripecia vital del músico sufí, que llegó a trabajar incluso en la embajada de Pakistán en Madrid. Durante tres décadas, Balouch actuó en España y en Inglaterra, apareciendo con frecuencia en la radio pública de ambos países. Incluso llegó a organizar un concierto de Pepe Marchena en Pakistan.

Pepe Marchena apadrinó a Aziz Balouch

Más allá de la música, fundó sociedades sufíes en Madrid y en Londres, convirtiéndose en difusor de esa interpretación mística del Islam. Así, la leyenda cuenta que la poesía sufí penetró en el flamenco, a través de una voz que cantaba en hindi, árabe, farsi, sindhi y español. En su libro, Balouch se remontaba a Al Andalus para justificar dicho viaje musical, a través de un mestizaje de siglos, tal y como Balouch intentó defender en el I Festival Internacional de Poesía que se celebró en Córdoba en 1964. Catorce años después fallecería. Algunas publicaciones indican que se casó con una cantante británica y se establecieron en las afueras de Londres. Williamson Fa encontró su tumba, siempre limpia aunque nadie conoce a ciencia cierta si tuvieron descendientes.

“En el momento en que Aziz escuchó por primera vez el flamenco, sintió esa conexión con su hogar. El describe claramente eso en sus textos, la experiencia de sentirlo en su cuerpo, la reacción emocional”, asegura Williamson Fa.

Aziz Balouch compartió cartel con Marchena, Ramón Montoya o Niño de Almadén

A su juicio, le influyó la cercanía de Gibraltar y el norte de África, el dialecto yanito y un cúmulo de lenguas entre las que destaca el español, el inglés el árabe y otros doce idiomas distintos. A pesar de que Williamson Fa asume que la influencia de la lengua y de la música árabe estaba siendo valorada y a menudo exagerada, “especialmente entre nacionalistas” andaluces, la realidad es que existen viejas conexiones entre los gitanos del Rajastán y las poblaciones romaníes en España.

“Dead is not the end” es el título de su legado literario y musical. En la revista digital Critical Muslim, Williamson Fa rememora en primera persona aquella primera vez en que escuchó a Balouch a través de Radio Nacional de España y probablemente en la voz del periodista y poeta José María Velázquez Gaztelu.

“El disco fue una inmaculada reedición de una Malagueña –uno de los tradicionales estilos del cante flamenco–. La voz de Balouch se fue moviendo y aunque era evidente que el cantaor no era de España, la idea de un cantante viajando desde Pakistán a España para estudiar flamenco hace casi un siglo, envolvió completamente a mi imaginación”.

Sin embargo, tardó mucho en reiniciar su pesquisa: “Los años pasaron y fue imposible encontrar mucha más información sobre este cantante o cualquiera de sus grabaciones. El comentario del locutor me dio poco para poder buscar en Google o en bibliotecas. Yo había perdido toda esperanza de escuchar su voz de nuevo hasta que un día logré hacerme, por casualidad, en una librería on line en Inglaterra, con un lote de saldo que contenía libros de un autor llamado Azizullah Balouch. Entre varios libros –con títulos como ¿Qué es un Sufí?, Canciones Místicas del Islam, Selecciones de poemas de Shah Latif–, se encontraba uno titulado “Spanish Cante Jondo and Its Origin in Sindhi Music”: “El Cante Jondo español y su origen en la música Sindhi”. Me dí cuenta que ese debía ser el mismo cantante que oí años atrás.  Así que compré los libros inmediatamente y esperé impaciente a que llegaran a mi puerta. Nada más recibirlos, abrí la primera página y quedé impresionado por la imagen de Balouch vestido con un sobrero karakul con una guitarra española en la mano. Estuve seguro de haber encontrado al hombre que estaba detrás de la voz que escuché años atrás”.

Una de las publicaciones de Aziz Balouch

Según sus datos, Azizullah Abdurahman Balouch había nacido en una familia Buledi en Baluchistan, aún bajo el Imperio Británico, a 5 de marzo de 1909. Poco después de la muerte de su padre, su familia se trasladó a Sindh, donde se establecieron en la ciudad de Pir-jo-Goth, en el centro de la comunidad sufí de Hur, encabezado por Pir Pagaro, que había protagonizado distintos actos de insurgencia contra el colonialismo de Gran Bretaña. Fue allí donde inició sus estudios en la madrasa de Dargah, aprendiendo sindhi, árabe y farsi, así como estudios coránicos a partir de los versículos de Maulana Jalaluddin Rumi y el poeta sufí Shah Abdul Latif Bhittai, entre otros. En el oratorio, se familiarizó con las canciones devocionales sufíes a través de los cánticos de los devotos que llegaban hasta allí desde distintos lugares de la provincia, durante las ferias. Con posterioridad, en la escuela secundaria de Hyderabad, comenzó a interpretar y recitar los versos y las melodías populares de Sindhi. Y, al parecer, fue allí, mientras preparaba sus exámenes para entrar en la Universidad Aligarh, cuando tuvo su primer contacto con el flamenco, cuando escuchó la colección de discos de un exitoso hombre de negocios hindú, de Hyderabadi, un tal Hotu-Khemchand, que había establecido su empresa y su residencia en Gibraltar. Así que aceptó su oferta de trabajo y llegó a Gibraltar, que, a juicio de Williamson Fa, contaba ya con numerosos comerciantes hindúes que operaban a través de ese puerto tras la apertura del canal de Suez. Como resultado de esa transformación en las rutas marítimas, la comunidad hindú de Gibraltar empezó a conformarse en 1870, a partir del mercado textil del algodón. Era el caso de la familia Hotu-Khemchand, que contaba con diversas tiendas en Main Street.

Balouch llegó a Gibraltar en barco en julio de 1932. En sus memorias, escribe: “Llegamos a Gibraltar, el histórico Jabal al-Tariq; cuando contemplé el Peñón y el Castillo de Tarik, las fronteras y las primeras vistas del sur de España, me sentí como quien vuelve a su propia casa”.

“Durante mucho tiempo en la historia de Gibraltar, la frontera terrestre con España ha sido relativamente fluida, con la gente viviendo, trabajando y socializando a través de la frontera en la vecina ciudad de La Línea de la Concepción”.

Pepe Marchena arrasaba entre el público de la época

El escritor gibraltareño Stephan Williamson Fa rememora que aquella tarde juvenil tuvo la oportunidad de asistir en vivo la actuación de un grupo de renombrados artistas flamencos, entre los que estaba Pepe Marchena: “Entusiasmado por la interpretación, Balouch le insistió a sus amigos que invitaron a los artistas a su casa en Main Street al día siguiente ya que deseaba cantar para ellos. Aceptando su requerimiento, los artistas visitaron al empresario y Balouch interpretó varias piezas flamencas y canciones Sindhi, acompañándose a sí mismo con un armonio que había traído desde Sindh. Sorprendido por el breve recital, Marchena le invitó a actuar en escena a la tarde siguiente en el Teatro Cómico de La Línea. Balouch realizó una versión de un cante de Marchena, La Rosa –presumiblemente la cantiña de La Rosa–, que resultó tan popular que tuvieron que bajar el telón siete veces”.

En los periódicos de Gibraltar, llegó a calificarse aquella velada como “un extraordinario acontecimiento en la historia del flamenco”. Pero lo cierto es que Marchena le acogió como discípulo, con el nombre artístico de Marchenita y, en Madrid, le abrió las puertas de numerosos artistas relevantes de la época. Los carteles le anuncian como “El hindú que canta flamenco, discípulo de Marchena, con su instrumento mágico”. Su popularidad y prestigio llegaron a ser tan considerable que los periodistas tenían que cerciorarse al comprobar su pasaporte, de que no era en realidad un español disfrazado de extranjero.

El director de la casa de discos Parlophone Records, de Barcelona, le ofreció grabar sus canciones y así apareció un EP con cuatro cortes en los que, según Williamson Fa, se aprecia un primer intento de experimentación y fusión con la música flamenca. Se tituló, curiosamente, Sufí Hispano Pakistaní, e incluía una seguiriya basada en los versos de un poeta persa del siglo XI, Sanaito. A lo largo de su trayectoria, incluso intentó buscar aproximaciones entre las saetas y los villancicos con la música tradicional de su pueblo.

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