Andresito defendió la alegría

Algeciras despidió a Andrés Castillo Tapia con respeto y admiración

Lo único que le faltaba a una sociedad tan crispada como la nuestra es que el bicho nos haya quitado a Andresito. Su sonrisa era invencible. Sus amigos llevan horas buscando fotografías en las que apareciera serio y no la encuentran.

Mario Benedetti, que hubiera cumplido cien años durante las últimas horas de nuestro Andrés Castillo Tapia, escribió en un poema que era necesario defender la alegría: Defender la alegría como un estandarte/Defenderla del rayo y la melancolía/De los males endémicos y de los académicos/Del rufián caballero y del oportunista/Defender la alegría como una certidumbre/ Defenderla a pesar de Dios y de la muerte”. Defenderla también de la alegría “y del dolor de estar absurdamente alegres”.

Parecieran versos escritos para la comitiva de hoy, que ha despedido a Andrés con lágrimas, con respeto y con una admiración cierta, la de que fue una de esas personas imprescindibles aunque no nos diéramos cuenta del todo de lo necesario que era.

En plena era del odio, que recorre el mundo con más destreza incluso que el coronavirus, nos hacen falta casi tantos reidores como rastreadores y sanitarios. La risa, ya lo sabían Jesucristo y Umberto Eco, es el nombre de la rosa. Charlie Chaplin no recurrió a la tragedia sino a la chanza para derrocar intelectualmente a Adolf Hitler. La risa tiene una prima que se llama retranca y es la mejor vacuna contra los tiranos.

Pero la risa de Andrés, sin que le hiciera atenuar sus convicciones, estaba tan cargada de inocencia como una película tolerada, tan blanca como un programa antiguo de televisión, tan cómplice como cuando nos apegotonábamos, antes de que el COVID-19 nos cambiara la idiosincrasia, para escucharle el chiste de donde vives: “¿Tú conoces esos pisos que hay enfrente de la cárcel? Pues enfrente”.

Todos conocemos los pisos que hay enfrente del cementerio y Andrés ya vive enfrente. Pero sigue vivo. Tu risa me hace fuerte, me pone alas, le decía desde la cárcel Miguel Hernández a su hijo recién nacido. Desde la cárcel de las utopías aplazadas, entre el miedo y la propaganda, la risa de Andresito nos sigue poniendo alas y haciéndonos fuertes. Que no se vaya muy lejos porque nos hará falta para conquistar un país y un mundo donde, como también decía Benedetti, seamos felices sin pedir permiso. Como siempre hizo Andrés Castillo Tapia.


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Una respuesta

  1. JUANJO TELLEZ GRACIAS, porque has sabido como siempre exprimir el sentimiento colectivo de una militancia Peta de ilusiones y con muchas ganas de vivir la vida desde la pelea por lo justo. Andresito era y es un rebelde con causa, la causa de los más desfavorecidos. Gracias

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