85 años sin Lorca

La memoria de Federico incluye diversas referencias al Campo de Gibraltar

En la noche del martes 17 de agosto, Pasión Vega ponía voz a los textos de Federico García Lorca, minutos antes de que se cumplieran 85 años de su ejecución sumarísima, junto a dos banderilleros anarquistas y un maestro de escuela, Dióscoro Galindo. La cantante rendía homenaje al poeta granadino en el parque que lleva el nombre del autor de “Poeta en Nueva York”, en Alfacar, probablemente cerca de donde todos ellos fueron ejecutados. El guión del espectáculo que conmemoraba su muerte y el de todas las víctimas de la guerra civil y de la dictadura, se centraba en su universo sonoro y lleva la firma del algecireño Antonio Romera “Chipi”. Quizá una forma de devolverle la visita que García Lorca giró a esta ciudad y que prueba una serie de fotografías del poeta con su amigo y amante Rafael Rodríguez Rapún en los jardines del Hotel Reina Cristina.

En 1998, el hispanista irlandés Ian Gibson cedió dichas instantáneas a la Asociación de la Prensa del Campo de Gibraltar, presidida entonces por José Antonio Ledesma. Dicha entidad realizó una publicación ejemplar sobre dicho asunto y en la que también se recogían otras referencias campogibraltareñas de Federico.

¿Qué relación mantuvo Lorca con García Carrillo, con Rafael Martínez Nadal, y con Carlos Morla? Y sobre todo con Rafael Rodríguez Rapún o con Juan Ramírez de Lucas (Albacete, 1917- Madrid, 2010), con quien mantuvo una apasionada relación de dos años, presente en las cartas que él se negó a destruir a pesar de que también le hubieran podido costar la vida en aquel tiempo fanático y machista.

Según nos cuenta Manuel Francisco Reina, los presentó Pura Ucelay —“¿Oye, de dónde sacas tú a unos hombres tan guapos?”, le preguntó Federico— y quizá fuera por esa relación por la que Federico desatendió la propuesta de Margarita Xirgu para que la acompañase a México cuando se produjo el alzamiento golpista del 18 de julio de 1936

“A Lorca –le confiesa Manuel Francisco Reina a Amelia Castilla– se le mató tres veces: “La física; la civil, cuando se trató de restar importancia a su categoría como escritor —“si hasta Aldous Huxley pidió explicaciones al Gobierno de la República y al bando franquista para que se aclarara su muerte, en plena contienda”— tildándole de mariconcete y afeminado; y la muerte silenciosa, de la que también fue víctima Ramírez de Lucas, obligado a callar su dolor ante el terror que imponía el régimen sobre la afectividad y la sensualidad, representada en la Ley de Vagos y Maleantes”.

Se sabe sin embargo que Federico tuvo dos amores femeninos: la granadina María Luisa Egea y María Luisa Natera, de Lanjarón y que mantuvo relaciones sexuales con Margarita Manso.

En la Bahía de Algeciras

Pocos detalles se tienen de la estancia de Federico García Lorca en Algeciras y en el Hotel Reina Cristina, buena parte de cuyos archivos están tan perdidos como el cuerpo del poeta. Sin embargo, algún rastro hay sobre sus relaciones con esta bahía.

“De Cádiz a Gibraltar/¡qué buen caminito!/El mar conoce mi paso/por los suspiros”, escribe García Lorca en un poema al que ha puesto música Raúl Alcóver.

Y, durante su estancia neoyorquina, escribe a su familia estas líneas: “Mamá podría vivir aquí, porque ella tiene gusto y buena boca, pero yo me imagino a papá en un restaurante de éstos y me muero de risa pensando que se iría en seguía a buscar el barco para, a los seis o siete días, pisar Gibraltar o Vigo”.

En marzo de 1926, Salvador Dalí escribe a Federico desde Figueras, y le menciona al actor Antonio Moreno, nacido en Madrid pero crecido en el Campo de Gibraltar y que ya triunfaba en el cine mudo de Hollywood, como oponente de Rodolfo Valentino y galán de Greta Garbo: “Precisamente, por las fechas en las que se escribió esta carta la prensa española hablaba mucho de Antonio Moreno porque tras veintidós años de ausencia, había estado en Madrid y recorrido las ciudades andaluzas que recordaba de su infancia, Sevilla, Cádiz, La Línea, Algeciras”, menciona Rafael Santos Torroella.

García Lorca conoció al pintor gibraltareño Gustavo Bacarisas, pero tuvo una relación más estrecha con el escritor algecireño José Luis Cano –al que conoció en Málaga junto a Emilio Prados–  y con su paisano, el pintor Ramón Puyol. Hoy, García Lorca cuenta con un instituto en Algeciras, donde su busto concentra cada año los actos del día del teatro y en donde José Luis Romero Caramé acumuló datos enciclopédicos sobre el escritor de Fuente Vaqueros, hasta el punto de liderar un equipo de concursantes en un certamen televisivo de 1982, el año del Mundial.

El pintor sanroqueño Andrés Vázquez de Sola dibujó, para la conmemoración de García Lorca en la Unesco de París, una caricatura en la que García Lorca emergía, como un hombre bala, del cañón de un revólver gigantesco. Y David Morales puso en escena su coreografía “Lorca, muerto de amor”, basada en la obra homónima de Manuel Francisco Reina.

La fosa perdida

Lorca sigue vivo a pesar de que sigue muerto y desaparecido. Ayer, justamente, se supo que Nieves García Catalán, nieta del maestro Dióscoro Galindo, asesinado junto a Federico García Lorca en agosto de 1936 en Alfacar (Granada), ha solicitado al Tribunal Europeo de Derechos Humanos la búsqueda de los restos de su abuelo y de las otras tres personas fusiladas junto a él, entre ellas el poeta.

Esta demanda, que ha anunciado este miércoles a Efe el letrado Eduardo Ranz coincidiendo con el 85 aniversario de la ejecución de García Lorca, se produce después de que el Tribunal Constitucional no admitiera la solicitud sobre la referida exhumación de Dióscoro Galindo y del propio García Lorca.

La noticia se supo justo cuando moría 2009: los restos de Federico García Lorca no se encontraban enterrados en el paraje de Fuente Grande, en la localidad granadina de Alfacar, un lugar convertido en un parque que llevaba el nombre del poeta. Durante 51 días los arqueólogos contratados por la Junta de Andalucía tampoco encontraron otros restos humanos: el del maestro Dióscoro Galindo, a quien le faltaba una pierna, y los banderillros Francisco Galadí y Joaquín Arcollas, el restaurador Miguel Cobo y el inspector de tributos Fermín Roldán, ejecutados junto al escritor de Fuente Vaqueros y supuestamente enterrados en la misma fosa.

De nada sirvió el testimonio de Manuel Castilla, también conocido como Manolillo o Manuel El Comunista, que fue quien indicó a Ian Gibson el lugar donde se habrían enterrado los restos y cuyo emplazamiento corroboró luego Agustín Penón. Ni sirvieron los supuestos impactos de bala que todavía se distinguen sobre una roca próxima al lugar. La excavación iniciada el 29 de octubre se detuvo el 19 de diciembre y sólo se trasladará a otros parajes si la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) aportara documentación que acredite que los restos de estas personas están enterrados en otro lugar.

“No se trata de llenar Granada de agujeros”, anunció Juan Gallo, comisario autonómico de la Memoria Histórica, al concluir los trabajos arqueológicos que habían contado inicialmente con ciertas reticencias por parte de la familia del poeta. Dicha actitud y el hecho de que se haya perdido la pista sobre el paradero de tan ilustre cadáver y del de sus compañeros de infortunio, ha ido dando pábulo a numerosas hipótesis.

Más de un año antes, de hecho, el periodista e investigador Fernando Guijarro llegó a anunciar que los restos mortales de Federico García Lorca no se encontraba en el barranco de Víznar en una fosa común, ya que «la familia desenterró el cadáver del poeta fusilado por los franquistas, tras pagar una fuerte suma como rescate».

Según sus datos, aún sin contrastar, «la familia pagó 300.000 pesetas de la época por recuperar el cadáver que podría estar enterrado en la Huerta de San Vicente, finca familiar, porque en el verano de 1936 los franquistas en Granada estaban realmente apurados por conseguir dinero, ya que estuvieron un mes aislados del resto de las zonas sublevadas», como indica Manuel Titos en su obra ‘Verano del 36 en Granada’.

Guijarro, que dijo contar con buenas fuentes, se apoya también en el libro de  Molina Fajardo, que recoge el testimonio de un labrador de Víznar que cuenta que  una señora «fue con autorización del Gobierno para retirar unos restos de los  pozos, y que en la localidad se supuso que eran los de Federico García Lorca».

También es cierto que Ian Gibson, en la edición francesa publicada en 1974 de su primer libro, recogía en una de sus anotaciones: «Parece que don Federico (padre) donó 300.000 pesetas a los nacionalistas, por consejo de uno de los acólitos de Valdés (gobernador militar de Granada), que le aseguró que así salvaría al poeta».

«Me han llegado noticias de que uno de los que estuvieron implicados en la muerte del poeta, al parecer murió arrepentido de sus actos aunque sin negarlos y a su familia les dejó dos frases bien claras; una, categórica: ‘el poeta García Lorca ya no está donde lo enterramos’; la segunda: ‘sobre el cadáver del poeta y dónde está enterrado hay más, mucho más», añadía.

Ni un sólo hueso ni una esquirla, ni casquillos de bala o restos de ropa en el lugar. Ese fue sin embargo, el desenlace del trabajo de campo en el lugar de autos, el célebre barranco situado entre Viznar y Alfacar: “Hemos situado la historia con los argumentos de la ciencia y no de la especulación”, dijo a los periodistas la consejera de Justicia andaluza, Begoña Álvarez. “Tenemos la evidencia científica de que nunca hubo enterramientos en la zona”.

Como no podía ser de otra forma, el hispanista Ian Gibson manifestó claramente su malestar por el resultado de los trabajos: «¿Por qué no han buscado al otro lado del olivo?. Jamás dije que se pusiera allí el monolito y que éste marcara la fosa donde se encontraba García Lorca», comentó, al tiempo que presumía que la Diputación de Granada moviera huesos en la zona donde fue fusilado Lorca al hacer el parque en 1986: «¡Cómo no se dijo nada de los huesos que Diputación encontró en Alfacar, cómo se trasladaron huesos en sacos a otro lugar! Eso es  tremendo y quedamos en ridículo. Lo peor es que argumentaron que no  querían perjudicar a las obras, y los pusieron en sacos», indicó.

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